EFE.- La siempre ruidosa afición brasileña pasó de la alegría por ver competir al primer piloto brasileño en ocho años en Interlagos, a la decepción con el choque de Gabriel Bortoleto, que sacó este sábado su Sauber de la carrera sprint. Increíblemente salió ileso.
Los brasileños se dividían hoy en el autódromo de Sao Paulo entre sus ánimos a Bortoletto y las onmipresentes camisetas rojas en apoyo a Ferrari y a Lewis Hamilton, piloto que mantiene una relación especial con Brasil.
"¡Bor-to-le-to!", se oía gritar al unísono en las gradas del autódromo antes del comienzo del sprint, con la emoción de la primera carrera del paulista de 21 años en casa.
Te podría interesar
Pero la alegría duró poco. Unos minutos antes del final de la carrera sprint, cuando luchaba por la décima posición, Bortoleto se fue contra el muro interior y despedazó su coche. En las gradas se oyó un quejido de decepción, y silencio.
ILESO
El propio Bortoleto tranquilizó a la afición diciendo por radio que se encontraba bien, aunque fue sometido a una revisión médica por precaución.
El pasado jueves, el piloto nacido en Osasco, municipio vecino a Sao Paulo, confesó que esta pista es la que le causaba "más ansiedad".
Se había engalanado para la ocasión. Su casco, que desde el año pasado lleva los colores amarillo, verde y azul de la bandera brasileña, agregó para este fin de semana unos detalles con monumentos brasileños, entre ellos el Cristo Redentor de Río o el Museo de Arte de Sao Paulo, el MASP, edificio más reconocido de la ciudad.
Sabía que la afición brasileña, incondicional de la Fórmula Uno, llevaba ocho años sin poder ver a uno de los suyos, desde la última carrera de Felipe Massa en 2017.
Bortoleto sigue la senda de otros legendarios pilotos como Rubens Barrichello, Nelson Piquet, o Ayrton Senna, todavía hoy el más amado por la 'torcida' brasileña a 31 años de su muerte.