EFE.- En una Final que rozó el escándalo, con amenaza de abandono por parte de Senegal por un penalti señalado a favor de Marruecos en el añadido antes de la prórroga, el atacante del Villarreal Pape Gueye coronó a su selección con su segunda Copa de África en un partido que dejó marcado a Brahim Díaz.
El jugador del Real Madrid pudo erigirse como héroe en Rabat, pero se condenó con un lanzamiento de penalti fallido, ejecutado 'a lo Panenka' al 90'+24'.
Fue el tiro que pudo dar el título a Marruecos. En una de las últimas acciones de la final, sin capacidad de reacción casi para los visitantes. Un penalti que lo enredó todo. Que lo reclamó Brahim, que lo concedió el árbitro y el VAR y que él desperdició. De héroe a villano. Un error decisivo que pudo proclamar campeón a Marruecos y que al final resucitó a Senegal.
Ejecutó un tiro suave y centrado que agarró sin problemas Edouard Mendy.
Supuso una condena para Brahim, que de ser el máximo goleador en la competición se quedó con la imagen de la frustración de todo el país que había depositado toda su ilusión en este torneo que organizó.
Después, Senegal no desperdició su ocasión y al inicio de los treinta minutos extra, Pape Gueye recibió el balón de Idrissa Gueye y su zapatazo de zurda superó a Bono, impecable hasta ese momento.
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No desaprovechó el conjunto senegalés la ocasión para amarrar el segundo trofeo continental de su historia y alargar el maleficio de más de medio siglo de su rival.
El error sosegó la batalla en el césped en un duelo marcado por el miedo a perder. El partido empezó bullicioso, con idas y vueltas, y acabó plagado de interrupciones y con un ritmo lento. Más de precaución que de atrevimiento en las dos mejores selecciones de África que marcaron su trayecto por el torneo sostenidas por sólidas defensas.
Después llegó todo lo demás, el penalti, la amenaza de retirada de Senegal, el 'oso' de Brahim y el gol de Gueye que coronó a su selección y frustró a todo un país, el anfitrión Marruecos.