De acuerdo con un informe elaborado por 150 científicos y representantes de organizaciones benéficas y la industria alimentaria, el Reino Unido tendría que cambiar casi por completo su forma de comer para reactivar su economía, reducir drásticamente sus gastos en salud, garantizar la seguridad alimentaria nacional y cumplir con sus compromisos climáticos.
La transformación no sólo tendría que ser radical sino rápida, a un ritmo sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, señala el reporte "La hoja de ruta para la resiliencia: Un plan alimentario del Reino Unido para 2050", y estaría estructurada en torno a tres ejes fundamentales: una agricultura más resiliente, un uso más inteligente de la tierra y una alimentación más saludable.
De no iniciar con iniciar ahora con los cambios, el Reino Unido pasará de una crisis a otra, entre las que estarán el aumento en los precios de los alimentos, los desastres climáticos y el debilitamiento de la productividad económica, y la nación se verá obligada a hacer los cambios de todas formas.
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“Lograr esta transformación tiene el poder de construir un sistema alimentario donde todos en el Reino Unido tengan acceso a alimentos saludables y sostenibles”, afirmó Neil Ward, coordinador del informe elaborado por la Red Agroalimentaria para Cero Neto (AFN)+, que cuenta con tres mil miembros y es liderada por científicos de 11 universidades e institutos de investigación.
Un sistema de alimentación bajo presión
El informe destaca que el sistema alimentario del Reino Unido no sólo es una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero, sino que está en vías de convertirse en la mayor fuente de emisiones para la década de 2040.
También señala que la mala alimentación cuesta a la economía 268 mil millones de libras esterlinas al año (6.6 billones de pesos mexicanos) en gastos directos de atención médica, además de costes indirectos como la baja actividad económica, y que 7.2 millones de personas viven actualmente en hogares con inseguridad alimentaria, un aumento del 80 % en tres años.
Además, el Reino Unido es muy vulnerable a las interrupciones en la cadena de suministro, ya que depende de las importaciones para el 50% de las verduras y el 85% de las frutas, a pesar de que estas son esenciales para una dieta saludable.
Transformación en tres áreas clave
"La hoja de ruta" exige que el gobierno de Reino Unido impulse una transformación en tres ejes fundamentales:
Agricultura más sólida y resiliente, lo que implica poyar a los agricultores para que se adapten al cambio climático, diversifiquen sus negocios y cultiven más frutas, verduras y cereales integrales, reduciendo la necesidad de importaciones.
La recomendación para un uso del suelo más inteligente e integrado inicia por ampliar la cobertura forestal del 14% actual a, por lo menos, el 20% del territorio del Reino Unido para 2050; también implica restaurar los humedales y planificar el uso del suelo a nivel regional para lograr un equilibrio entre la alimentación, la naturaleza y el clima.
En cuanto a las dietas más saludables y accesibles, Hacer que la alimentación nutritiva y sostenible sea una opción fácil y asequible, a la vez que se reduce la dependencia de alimentos importados y con altas emisiones.
“Mediante estas tres transformaciones podemos reducir la presión sobre el NHS (sigla de Sistemas Nacionales de Salud) y ayudar a las personas a llevar una vida más saludable y económicamente activa. La naturaleza prosperará, las emisiones disminuirán y la agricultura será más resiliente y segura para las generaciones futuras”, señala Ward en un comunicado.
Además, los autores establecieron 10 acciones prioritarias, instando al gobierno a colaborar con agricultores, empresas alimentarias y autoridades locales. Entre estas se incluyen:
- Situar la seguridad alimentaria al mismo nivel que la seguridad energética;
- establecer objetivos de cambio dietético y número de cabezas de ganado;
- crear un Comité Nacional de Transformación del Sistema Alimentario,
- y profundizar en la reforma de los subsidios agrícolas para priorizar la reducción de emisiones y el secuestro de carbono, junto con la producción sostenible y la biodiversidad.