No está claro cuántos sentidos tenemos, y el número depende de cómo los contemos. Sin embargo, el “nuevo sentido” que se reporta este miércoles no es trivial ni es un anexo de uno que ya hubiéramos ubicado. Este nuevo sentido nos sirve para “comunicarnos” con nuestro microbioma, las bacterias y hongos que habitan en nuestro intestino y que son fundamentales en nuestra fisiología.
La nueva investigación, cuyo reporte se publica en la revista Nature, se centra en los neurópodos, que son pequeñas células sensoras que recubren el epitelio del colon. La base del nuevo “sentido neurobiótico” es que estas células detectan una proteína microbiana común y envían mensajes rápidos al cerebro que ayudan a frenar el apetito.
El equipo científico considera que, además, el descubrimiento de este sentido neurobiótico puede ser la base para comprender de una manera más amplia cómo se relacionan el intestino y los microbios que, como se ha comprobado, tienen una gran influencia en nosotros, desde los hábitos alimentarios hasta el estado de ánimo.
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“Teníamos curiosidad por saber si el cuerpo podía detectar patrones microbianos en tiempo real y no solo como una respuesta inmune o inflamatoria, sino como una respuesta neuronal que guía el comportamiento en tiempo real”, dice Diego Bohórquez, autor principal del estudio, en un comunicado de la Universidad de Duke, a la que está adscrita la mayor parte del equipo.
Microbios que cambian nuestra conducta
La clave del nuevo sentido es la flagelina, una proteína que se encuentra en los flagelos bacterianos, que son estructuras similares a una cola o un látigo que utilizan para nadar.
El equipo logró demostrar que, cuando comemos, algunas bacterias intestinales liberan flagelina, los neurópodos la detectan, y envían un mensaje de supresión del apetito al cerebro a través del nervio vago.
“De cara al futuro, creo que este trabajo será especialmente útil para la comunidad científica en general para explicar cómo nuestro comportamiento está influenciado por los microbios". Diego Bohórquez.
El equipo también señala que sería importante seguir investigando sobre cómo las dietas específicas modifican el paisaje microbiano intestinal. Esto podría ser clave en afecciones como la obesidad o los trastornos psiquiátricos.