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El gusto por los carbohidratos impulsó la evolución de los primeros seres humanos
Jueves 4 de Diciembre de 2025
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El gusto por los carbohidratos impulsó la evolución de los primeros seres humanos

De acuerdo con una investigación, los homínidos sentían afición por las plantas ricas en almidones mucho antes de tener los dientes adecuados para comerlas

Cráneos de Australopithecus afarensis (izquierda), Homo rudolfensis (centro) y Homo ergaster (derecha).Créditos: De izquierda a derecha: Dominio público; Don Hitchcock; Fernando Losada Rodríguez.
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Los orígenes de las grandes civilizaciones, hace unos 10 o 12 mil años, están unidos a la agricultura de plantas herbáceas, especialmente los cereales ricos en almidón en sus granos, y de las que tenían el tejido almidonado en sus raíces bajo tierra, como las papas o los camotes de América y los ñames africanos. 

Sin embargo, el gusto por y el consumo de estos alimentos ricos en carbohidratos se desarrolló, de acuerdo con una investigación que se publica este jueves en la revista Science, desde hace millones de años, mucho antes de tener la dentadura ideal para ello. 

De hecho, la investigación sugiere que fue ese gusto lo que condujo la evolución humana a desarrollar adaptaciones en la dentadura que facilitaron el consumo de las plantas. Lo cual se habría alcanzado hace apenas 700 mil años.

Según un comunicado de prensa del Darmouth College, este estudio “proporciona la primera evidencia en el registro fósil humano” en el que un impulso conductual conlleva cambios físicos.

"El comportamiento no se fosiliza"

Nathaniel Dominy, profesor-investigador en Dartmouth y autor principal del estudio, señala que el comportamiento no se fosiliza, así que para identificar lo que comían el equipo analizó los dientes fosilizados de homínidos en busca de isótopos de carbono y oxígeno que quedaron tras el consumo de plantas conocidas como gramíneas, que incluyen pastos y los actuales cereales. 

"Los antropólogos suelen suponer comportamientos basándose en rasgos morfológicos, pero estos rasgos pueden tardar mucho tiempo —medio millón de años o más— en aparecer en el registro fósil. Pero estas firmas químicas son un vestigio inconfundible de la alimentación herbácea, independiente de la morfología". Nathaniel Dominy

Este enfoque le permitió al equipo detectar que al menos tres linajes de primates del Plioceno (hace entre 5.3 y 2.6 millones de años), incluidos los primeros homínidos, realizaron una transición independiente hacia dietas graminívoras, a pesar de carecer de estos rasgos especializados.

Paralelamente, a lo largo de milenios, los dientes, especialmente los molares, se hicieron más pequeños y más largos, mejor  adaptados para una dieta creciente en gramíneas y tubérculos.

Así, el equipo encontró que la transición hacia las gramíneas comenzó hace unos 3.8 millones de años con el Australopithecus afarensis, el pariente lejano de los seres humanos.

Después, hace unos 2.3 millones de años, el Homo rudolfensis tuvo acceso regular a tubérculos, bulbos (como las cebollas y los ajos) y cormos (que actualmente se usan poco como aliemento). Pero fue hasta hace unos 2 millones de años, cuando especies como el Homo ergaster, entre otras, mostraron un cambio repentino (para los parámetros del registro fósil) en el tamaño y la forma de sus dientes.

"Podemos afirmar con certeza que los homínidos eran bastante flexibles en cuanto a comportamiento y que esta era su ventaja", afirma Luke Fannin, investigador postdoctoral en Dartmouth y primer autor del estudio.

¿Los tubérculos nos hicieron más inteligentes?

En el reporte publicado en Science, se señala que los tubérculos, además de más nutritivos, "son mucho más grandes que los cormos y bulbos" y se encuentran a mayor profundidad bajo tierra, "por lo que son difíciles de extraer solo con las manos, factores que favorecerían la cognición mejorada y las herramientas de excavación asociadas con las especies de cerebros más grandes".

Incluso agregan que "es tentador argumentar, como lo han hecho otros utilizando diferentes líneas de evidencia, que los tubérculos impulsaron el surgimiento del Homo erectus.