Mientras en la sabiduría popular hay un dicho que dice “perro viejo no aprende nuevos trucos”, en las neurociencias se ha mantenido por más de un siglo la idea de que el cerebro adulto no produce nuevas neuronas. Pero desde hace unos años, se ha juntado evidencia de que estas ideas son falsas, y ahora, un nuevo estudio parece tumbarlas definitivamente.
El problema es que, si bien se ha demostrado la generación de nuevas neuronas en el cerebro adulto de los ratones, no se pueden utilizar los mismos métodos con los seres humanos, así que la nueva investigación, cuyo reporte se publica en la edición de esta semana de la revista Science, se tuvo que basar en un método innovador y no invasivo.
Célula por célula
La estrategia consistió en encontrar marcadores genéticos que indican que en una determinada muestra (tomada post mortem) hay células progenitoras de neuronas. Para eso, el equipo del Karolinska Institutet en Suecia entrenó a una inteligencia artificial para que encontrara los marcadores entre los datos de 300 mil neuronas individuales.
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El equipo, encabezado por Jonas Frisén, lo logró: encontró los marcadores, sobre todo en la estructura cerebral llamada hipocampo, encargada del aprendizaje y la memoria. De las 300 mil células analizadas, 354 eran progenitoras de neuronas. Obviamente, fueron más abundantes en los cerebros jóvenes y en desarrollo; pero también detectaron que el número variaba considerablemente entre personas e incluso que algunos adultos no las tenían.
Hacia el futuro
Los resultados muestran que las células progenitoras de las neuronas adultas son similares a las de ratones, cerdos y monos, pero la controversia no ha terminado, pues aunque algunos investigadores, entrevistados por Science, consideran que este estudio es una prueba concluyente, otros señalan que sólo es evidencia indirecta y que en realidad podría haber otras explicaciones. Pero el hecho es que los datos están ahí y, aunque la explicación sea otra, conviene buscarla.
Para Jonas Frisén, el trabajo de su equipo, “aporta una pieza clave para comprender cómo funciona y cambia el cerebro humano a lo largo de la vida”, y “podría tener implicaciones para el desarrollo de tratamientos regenerativos que estimulen la neurogénesis” en trastornos neurodegenerativos y psiquiátricos como los males de Alzheimer o Parkinson.