La técnica se llama espectroscopia de fluorescencia de rayos X, y con ella se pueden detectar diferencias en la pureza del hierro y las trazas de otros elementos que contienen las piezas. Esto puede utilizarse de forma confiable para identificar artefactos de hierro de diferentes períodos, según una investigación reciente.
De acuerdo con el equipo que desarrolló el método, este podría ser lo suficientemente sensible como para distinguir los artefactos de hierro de las expediciones españolas separadas por tan sólo unas décadas; pero, en un comunicado del Museo de Historia Natural de Florida, los autores señalan que se necesita recopilar más información para estar seguros.
Además de las múltiples historias que podría develar esta nueva metodología, y la que el equipo descubrió para disntinguir entre los conquistadores Hernando de Soto y Tristán de Luna, los antecedentes que tiene la propia técnica son interesantes, pues la comunidad arqueológica tenían un fuerte rechazo hacia los sencillos detectores de metales.
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Detectores de metales y la batalla
Los primeros detectores de metales portátiles se inventaron en la década de 1930, pero los arqueólogos, que habían desarrollado otras técnicas, no los necesitaban mucho. Sin embargo estos aparatos se popularizaron entre otro grupo: aficionados y buscadores de tesoros que comenzaron a encontrar objetos metálicos por todas partes, mismos que guardaban o vendían para obtener ganancias.
“Los detectores de metales tienen mala reputación en arqueología porque suelen ser el recurso predilecto de quienes saquean sitios históricos”, dice en el comunicado Lindsay Bloch, profesora investigadora del Museo de Florida.
Así que, "durante varias décadas, la mayoría de los arqueólogos no habrían sido sorprendidos ni muertos con un detector de metales". Pero esto cambio en 1983, cuando un incendio forestal en Montana arrasó con la vegetación que cubría el lugar donde ocurrió la batalla de Little Bighorn, entre el Ejército de los Estados Unidos y una alianza de las naciones indígenas Lakota, Cheyenne y Arapahó.
La lucha armado, del que la alianza salió triunfante, se había desarrollado en una extensa zona, lo que hacía impráctico el método arqueológico de excavar siguiendo la educada intuición de los investigadores; así que un equipo decidió probar la detección de metales, y recuperaron tal cantidad y variedad de municiones que pudieron reconstruir en parte lo sucedido.
Eso hizo a los detectores "un poco más legítimo para la gente, pero tardó mucho en popularizarse, y aún no lo ha hecho del todo", dice Charles Cobb, catedrático en el Museo de Historia Natural de Florida y coautor del artículo de investigación publicado hace unas semanas en el International Journal of Historical Archaeology, que va mucho más allá de la simple detección de metales.
La nueva metodología y el hierro de los conquistadores
Los conquistadores españoles utilizaban el hierro para fabricar hojas de hacha, herraduras, petos, cascos, radios, lanzas, cuchillos, armas de fuego y más. Fue, junto con las epidemias, lo que les dio la ventaja decisiva sobre los ejércitos locales. Incluso llevaban herreros y herradores en sus expediciones para reparar y reutilizar objetos sobre la marcha.
Pero estos objetos suelen ser indistinguibles a lo largo del tiempo. “Un clavo de hierro forjado del siglo XVI se parece a un clavo de hierro forjado del siglo XVII”, dice Cobb.
“Los arqueólogos encuentran muchísimos clavos oxidados y otros objetos de hierro oxidado. A menudo ni siquiera podemos distinguir qué son, así que los pesamos, los contamos y los guardamos en su bolsa. Y, por lo general, nadie los vuelve a mirar”, añade Bloch. Pero esto podría cambiar con la espectrometría de fluorescencia de rayos X.
Para funcionar, la nueva metodología se basa en el proceso de refinación del mineral de hierro, mediante fundición y forja, deja una sustancia que es casi 100% hierro, pero no del todo. Cuanto más se forja un metal, más puro será su contenido, pero las trazas de elementos como el cobre, el vanadio y el manganeso se resisten obstinadamente a ser eliminados.
Las proporciones de estos oligoelementos son específicas de la ubicación geográfica donde se forjaron y depositaron, y varían a lo largo del tiempo. Estas diferencias, si las puedes distinguir, pueden utilizarse para determinar de dónde se extrajo originalmente un trozo de hierro.
“Ella no se jactará, pero Lindsay escribió literalmente el manual sobre cómo los arqueólogos deberían usar la espectrometría de fluorescencia de rayos X cuando era estudiante de posgrado”, dijo Cobb.
Así, el equipo, que incluye expertos de las universidades de Laval, del Estado de Mississippi, Alabama, Carolina del Sur, y del Departamento de Cultura y Humanidades de la Nación Chickasaw, analizó material de hierro de múltiples lugares y períodos asociados con el colonialismo español.
Esto incluyó material de la primera colonia española en América, establecida por Colón en 1492; varias misiones españolas; el campo de batalla entre el destacamento de Hernando de Soto y los Chickasaw; un fuerte británico; tres plantaciones del siglo XIX, y un yacimiento en Alabama conocido como el complejo Marengo, donde los hombres de De Soto libraron una batalla devastadora previa a la de los Chickasaw por unos meses.
Entre Hernando de Soto y Tristán de Luna
La expedición de De Soto representó la incursión europea más larga y sostenida del siglo XVI en Norteamérica, pero fue precedida y seguida por varias otras, 15 en total, se explica en el comunicado. En particular, dos décadas después llegó a la zona la expedición liderada por Tristán de Luna. Los objetos abandonados por De Luna han sido prácticamente indistinguibles de los dejados por De Soto.
Ambas expediciones fueron similares, pero difieren en un aspecto importante. De Soto vivía en España cuando comenzó a reunir barcos, hombres y suministros para el viaje, y se abastecía de todo su equipo de hierro en Europa. De Luna obtenía sus suministros de Nueva España, en Sudamérica, y también dependía de que sus hombres trajeran consigo sus propias herramientas de hierro.
Estas diferencias, que dejaron huellas en los tipos de impurezas en el hierro, pudieron ser detectadas por el equipo con un aparato portátil de espectrometría de fluorescencia de rayos X.
Los autores afirman que las diferencias eran tan consistentes que, en el futuro, pueden utilizarse con fiabilidad como característica diagnóstica. Por ejemplo, se encontraron pequeñas cantidades de manganeso en algunos artefactos del siglo XVI, pero este elemento estaba casi totalmente ausente en el hierro de períodos posteriores. El bismuto era más probable en artefactos de los siglos XVIII y XIX, y varias impurezas, como el titanio, el rutenio y el circonio, se asociaron con el hierro de finales de los siglos XVI y XVII.