EFE.- El legado de Friedrich Nietzsche -el filósofo de la trasmutación de los valores, de la doctrina del eterno retorno y el que declaró la muerte de Dios- se convierte oficialmente este lunes en Patrimonio Cultural de la Humanidad, cuando se cumplen 125 años de su muerte y tras más de un siglo de generar disputas y controversias como pocas otras figuras en la historia del pensamiento.
Según el director del Kolleg Nietzsche en la Fundación Clásicos de Weimar, Helmut Heit, el legado de Nietzsche es patrimonio cultural de la humanidad por varios motivos. Nietzsche, explicó en un mensaje difundido a propósito del aniversario, es uno de los filósofos alemanes más destacados, que además ha tenido una influencia global y despierta interés también para no filósofos.
"La historia del final del siglo XIX y del siglo XX se puede contar a partir de la historia de la recepción de Nietzsche", dijo.
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Su influencia en la literatura, en el arte, en el cine y el pensamiento da para bibliotecas enteras que tratan temas que van desde la tergiversación e instrumentalización que se hizo de la obra del filósofo por parte de los nazis hasta la recepción realizada por la filosofía francesa contemporánea, que lo presenta como una especie de precursor de la llamada postmodernidad.
Elizabeth Forster-Nietzsche y el poder
El hecho de que buena parte del legado de Nietzsche se encuentre en Weimar se debe a una decisión de su hermana, Elizabeth Forster-Nietzsche, quien fue la creadora del archivo del autor de "Así habló Zaratustra" en 1894.
Para 1897, cuando el filósofo estaba gravemente enfermo por las repercusiones cerebrales de una vieja infección de sífilis, Forster-Nietzsche decidió trasladar el archivo y a su hermano a Weimar.
La intención era poner al filósofo y a su obra al lado de Goethe y Schiller, las dos grandes figuras de la cultura clásica alemana, y crear una especie de tercer lugar de "peregrinación" en Weimar a un lado de las casas de los dos reconocidos escritores, poetas y dramaturgos.
Nietzsche vivió tres años más y quienes visitaron el archivo en ese tiempo pudieron verlo como una atracción más entre los documentos, pero toda conversación con él se había hecho imposible desde 1889.
Forster-Nietzsche ha sido duramente criticada casi desde que creó el archivo, e incluso ha sido acusada de haber tergiversado la obra de su hermano, sentando las bases para lo que sería posteriormente la instrumentalización de la misma por parte de los nazis. Entre 1932 y 1935 el propio Adolf Hitler visitó varias veces el archivo por invitación de Forster-Nietzsche.
En 1934 el dictador creo un fondo para hacer un monumento a Nietzsche en Weimar y tras la muerte de Forster-Nietzsche, el 8 de noviembre de 1935, asistió a su entierro junto con otros jerarcas nazis.
Lo que seducía a los nazis del pensamiento de Hitler era la idea del hombre superior, que ellos extrapolaban a su propio concepto de una raza superior, así como su crítica de la ilustración. Forster-Nietzsche había juntado unos textos póstumos de su hermano en un tomo que tituló "La voluntad de poder" que se convertiría en una especie de biblia nazi.
Posteriormente, se ha demostrado que Nietzsche nunca concibió un libro con ese título.
Forster-Nietzsche también ocultaba que el filósofo no sólo no había sido antisemita, sino que había sido incluso un crítico acérrimo del antisemitismo; su pensamiento, además, estaba marcado por un individualismo radical que era incompatible con una concepción totalitaria del estado.
Tras la II Guerra Mundial, las autoridades de la extinta República Democrática Alemana eliminaron el archivo como institución independiente e integraron sus fondos en el archivo Goethe-Schiller.
Desde el comienzo, pese a las tergiversaciones de su hermana, hubo esfuerzos por mostrar a un Nietzche distinto. Las partes de su obra que se centraban en la crítica de la religión y de la moral se veían como críticas al poder en general.
Otro aspecto que cabe destacar es su idea de que, tras lo que el llamaba la muerte de Dios, la existencia sólo tiene justificación como fenómeno estético. Esa justificación, según Nietzsche, sólo estaría dada a unos pocos; porque sólo unos pocos estaban dispuestos a mirar a la cara verdades dolorosas.