Desde antes de su publicación ya era un escándalo. En las páginas del número de agosto pasado de la revista Vogue, en el margen derecho de una "fotografía" de bella modelo vestida con ropa de la colección primavera-verano de la marca Guess se lee el crédito: es una imagen creada con inteligencia artificial (IA) por la compañía Seraphine Vallora.
Las quejas en el mundo de la moda no sólo no se hicieron esperar sino que salieron desde finales de julio a partir de un reportaje de la cadena británica BBC. En el que destacan las protestas de la modelo de tallas grandes Felicity Hayward, quien calificó la medida de "floja y barata", advirtiendo que socava años de trabajo para promover la diversidad.
"Después de todo, ¿para qué contratar modelos de diferentes tallas, edades y etnias cuando una máquina puede generar un ideal de belleza estrecho y probado en el mercado a pedido?", dijo Hayward.
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Resulta paradójico que fuera Guess, la marca que a principios del siglo XXI destacó por sus anuncios en los que promovía la diversidad y la inclusión en sus modelos se ahora la pionera en incorporar la IA.
De acuerdo con AI Magazine, Sara Ziff, fundadora de Model Alliance que defiende los derechos de los trabajadores de la industria de la moda, "considera que la campaña de Guess está orientada por (reducir) los costos en lugar de ser innovadora".
Para la profesora investigadora de la Universidad de Quinnipiac Tamilla Triantoro, quien se ha especializado en la colaboración entre seres humanos e IA, estas imágenes y lo difícil que resulta saber si la modelo es o no de una personas real, en el fondo "nos llevan a preguntarnos qué es lo que realmente valoramos en el arte".
"Esto es arte": Seraphine Vallora
"Sabíamos que esto generaría debate, porque estamos revolucionando una industria que siempre ha hecho las cosas de una sola manera", escribieron Valentina González y Andreea Petrescu, las arquitectas actualmente de 25 años que fundaron la compañía Seraphine Vallora en la cuenta de Instagram de la misma.
"Se trata de ampliar la definición de quién puede crear", señalan. "Estamos aquí para abrir el espacio a artistas digitales, diseñadores gráficos, arquitectos, programadores, fotógrafos y visionarios que nunca han tenido acceso a este tipo de visibilidad".
"Ambas somos arquitectas. Sabemos lo que significa crear algo", dicen González y Petrescu, y aclaran que sus imágenes son resultado de un proceso creativo, "requirieron planificación y varias etapas de dirección creativa; al igual que una sesión de fotos tradicional, hubo etapas para lograrlo".
Sin dudarlo, afirman: "Este es un cambio cultural. ¡Y con el tiempo, la industria aprenderá a adoptarlo! Sabemos que somos las primeras y estamos listas para mostrarles por qué esto es arte, solo que creado en un medio diferente".
La duda filosófica
En un artículo en el sitio The Conversation, Triantoro dice que "el pensador alemán Walter Benjamin, escribió sobre el 'aura' de una obra de arte original: el sentido de la historia y el toque humano que la hace especial. Una pintura tiene aura porque se pueden ver las pinceladas; una fotografía antigua tiene aura porque capturó un momento real".
También cita al pionero de la computación Alan Turing, quien propuso lo que se conoce como "la prueba de Turing": cuando en una conversación no podamos distinguir si estamos hablando con una máquina o con un ser humano se habrá creado la verdadera inteligencia artificial.
Ahora las IAs no sólo conversan, sino que hacen pinturas y música, por lo que Triantoro señala que, para ella, "la prueba estética de Turing no se trata solo de si una máquina puede engañarnos; es un desafío que nos pide decidir qué esperamos realmente del arte".
Y nos pregunta: "Si una máquina crea una canción que hace llorar a alguien, ¿importa que (la máquina)no sintiera nada? ¿Dónde reside realmente el significado del arte: en la mente del creador o en el corazón del observador?"