En la primavera de 1941, Dinamarca firmó un tratado que otorgaba al ejército estadounidense acceso a Groenlandia con la idea de que este protegiera a la isla la isla más grande del Ártico de la Alemania nazi y que sirviera de base para la ayuda bélica que el país americano le prestaría a Europa.
"Dicho tratado sigue vigente en la actualidad", señala Paul Bierman, profesor investigador de Recursos Naturales y Ciencias Ambientales de la Universidad de Vermont y autor del libro "When the Ice is Gone" (Cuando el hielo se haya ido, 2024), sobre la historia ambiental, militar y científica de Groenlandia.
Para Bierman, la relación "a menudo compleja" entre los Estados Unidos y Groenlandia es " codependiente" y los actuales intentos de invasión o compra por parte del presidente Donal Trump son sólo el último capítulo, comenta en un artículo reciente publicado en el sitio The Conversation.
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El historiador divide la participación del ejército estadounidense en la isla en dos partes, que podrían llamarse la estratégica y la extravagante o excéntrica.
Segunda Guerra Mundial: estrategia y minerales
"La Segunda Guerra Mundial puso a Groenlandia en el mapa estratégico para el ejército estadounidense", escribe Bierman.
Por un lado, EU puso bases militares en el oeste y sur de Groenlandia, las cuales se convirtieron en paradas de reabastecimiento de combustible para sus aviones que volaban entre América a Europa; por otro, "cientos de soldados estadounidenses se acuartelaron en Ivittuut, un remoto pueblo en la costa sur de Groenlandia, donde protegieron la mina de criolita más grande del mundo".
La criolita es mineral poco abundante que se utiliza para extraer aluminio de otro mineral, la bauxita. El aluminio era crucial para la construcción de aviones durante la guerra, por lo que la mina tenía un gran valor (actualmente se utiliza criolita sintética, por lo que las minas ya no son tan relevantes).
Además, la ubicación de Groenlandia, en dirección del viento con respecto a Europa, permitía recabar datos meteorológicos que "resultaron esenciales para los pronósticos en el campo de batalla" y la planificación de los movimientos de las tropas.
"Tanto estadounidenses como alemanes construyeron estaciones meteorológicas en Groenlandia, iniciando lo que los historiadores denominan la guerra meteorológica. Hubo pocos combates, aunque las patrullas aliadas rastreaban rutinariamente la costa este de la isla en busca de campamentos nazis".
La guerra meteorológica llegó a su fin en 1944 "cuando la Guardia Costera estadounidense y su patrulla de trineos tirados por perros por el este de Groenlandia encontraron la última de las cuatro estaciones meteorológicas alemanas y capturaron a sus meteorólogos".
Guerra Fría: Ideas de ingeniería extravagantes contra el hielo
Al inicio de la Guerra Fría, para contrarrestar aproximaciones soviéticas por el Ártico, "el ejército estadounidense transportó a unos 5 mil hombres, 280 mil toneladas de suministros, 500 camiones y 129 excavadoras —según The New York Times— a una playa árida del noroeste de Groenlandia, a mil 500 kilómetros del Polo Norte y a 4 mil 430 kilómetros de Moscú".
En esa playa se construyó la base aérea de Thule, que "albergaba bombarderos, cazas, misiles nucleares y más de 10 mil soldados.
Para Bierman esa base aún puede considerarse estratégica, pero fue la primera de "las ideas nacidas de la paranoia", cuya cúspide fueron el Camp Century y el Proyecto Iceworm.
Camp Century fue una base de energía nuclear excavada profundamente en el hielo. Albergaba a 200 hombres en literas calentadas a 22 grados centígrados y fue el centro de la investigación del Ejército de los Estados Unidos sobre la nieve y el hielo; pero, sobre todo, "se convirtió en un recordatorio para la URSS de que el ejército estadounidense podía operar a voluntad en el Ártico".
Para el Proyecto Iceworm, el ejército estadounidense imaginó cientos de kilómetros de vías férreas enterradas bajo la capa de hielo de Groenlandia por las que "correrían trenes de propulsión atómica transportando misiles con ojivas nucleares hacia las estaciones de lanzamiento ocultas". Todo esto en un área aproximadamente del tamaño de Campeche.
"Al final, el Proyecto Iceworm nunca superó un túnel de 400 metros que el ejército excavó en Camp Century" señala Bierman.
Por su parte, el campamento, destruido y abandonado desde 1966, actualmente "se encuentra a más de 30 metros bajo la superficie de la capa de hielo".
"Pero a medida que el clima se calienta y el hielo se derrite, sus residuos resurgirán: millones de galones de aguas residuales congeladas, tuberías con asbesto, pintura con plomo tóxica y PCB cancerígenos", apunta el autor.
"Quién limpiará el desastre y a qué costo es una incógnita" añade.