Ahora que los Juegos Olímpicos de Invierno —que se inauguraron este viernes en Milano Cortina, Italia— serán los primeros de este nivel en que los jueces de algunos deportes tendrán asistencia de inteligencia artificial (IA), conviene recordar una par de historias.
0.1 puntos y cuatro segundos para la medalla
Una de ellas ocurrió en 2024, durante los Juegos Olímpicos de París, e inició porque un error de arbitraje le dio una puntuación a la gimnasta estadounidense Jordan Chiles que la situó en la cuarta posición en los ejercicios de piso.
"Su entrenador interpuso una investigación, argumentando que un elemento técnico no se había contabilizado correctamente en la puntuación de dificultad. Tras la revisión, su puntuación se incrementó en 0.1 puntos, lo que la colocó temporalmente en la posición de medalla de bronce", comenta Willem Standaert, de la Universidad de Lieja en Bélgica.
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Pero Chiles no se quedó con la medalla, porque la delegación rumana impugnó la nueva decisión, "argumentando que la investigación estadounidense se había presentado demasiado tarde, superando por cuatro segundos el plazo (reglamentario) de un minuto".
"El episodio puso en relieve la complejidad del reglamento, lo difícil que puede ser para el público seguir la lógica de las decisiones de los jueces y la fragilidad de la confianza en los paneles de jueces humanos", comenta Standaert en un artículo en The Conversation.
De hecho, en deportes olímpicos como la gimnasia y el patinaje artístico —para poner un ejemplo de los juegos de invierno—, la IA aparece cada vez más como una solución a "los problemas de sesgo, inconsistencia y falta de transparencia" que pueden tenerlos paneles de jueces humanos.
La IA puede ayudar en mucho a los jueces a evaluar movimientos complejos realizados en fracciones de segundo, a menudo desde ángulos de visión limitados y durante varias horas seguidas. De hecho, "las revisiones posteriores a las competiciones muestran que los errores involuntarios y las discrepancias entre los jueces no son excepcionales".
Además, podría ayudar a prevenir los fraudes, como el ocurrido en el patinaje artístico en los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City de 2002, cuando un juez favoreció a una pareja a cambio de la promesa de apoyo en otra competencia.
Sin embargo, otra historia y la investigación de Standaert revelan que la IA no será necesariamente bienvenida en todas las pruebas.
Creatividad, riesgo, y los deportes con otra lógica
Una investigación llevada a cabo por Standaert y sus colegas, publicada en noviembre de 2021 en la revista Information Systems Frontiers, muestra que las preocupaciones por la presencia de la IA entre los jueces son "más pronunciadas en deportes de acción como el snowboard y el esquí acrobático".
En estas disciplinas, que se incorporaron a los programas olímpicos para modernizar los juegos y atraer a públicos más jóvenes, la IA podría afectar la creatividad y hasta la propia identidad de los deportes.
Como ejemplo, Standaert pone a la snowboarder estadounidense Lindsey Jacobellis, quien en 2006 perdió el oro olímpico tras realizar un movimiento acrobático —agarrando su tabla en el aire durante un salto— después de haber encabezado la final de snowboard cross.
"El gesto, celebrado en la cultura de su deporte, le costó la medalla de oro" en los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Turín, no porque fuera juzgado por IA, sino por jueces que no supieron resolver la tensión "entre la ética expresiva de los deportes de acción y la evaluación institucionalizada", algo que sería aún más difícil para la IA.
"A diferencia de otros deportes con arbitraje, los deportes de acción valoran especialmente el estilo, la fluidez y la asunción de riesgos, elementos especialmente difíciles de formalizar algorítmicamente", señala el investigador.
Sin embargo, también añade que la IA ya se probó en los X Games de 2025, especialmente durante las competiciones de snowboard SuperPipe, una versión más grande del halfpipe (literalmente, medio tubo, porque es lo que parece la superficie en la que se compite), con paredes más altas que permiten saltos más grandes y técnicos.
El sistema de IA se probó junto con el arbitraje humano, y los jueces fueron quienes otorgaron los puntos, los resultados oficiales y las medallas; pero, hasta ahora, "no se ha publicado ninguna comparación pública sobre la correspondencia entre las puntuaciones de la IA y las de los jueces humanos".
Aun así, aunque hubo quienes aplaudieron una mayor consistencia y transparencia, otros advirtieron que los sistemas de IA no sabrían qué hacer cuando un atleta introduce un nuevo truco, algo que suele ser muy valorado por los jueces humanos y el público.
Epílogo de valores
En 2024, el Comité Olímpico Internacional presentó su Agenda de IA Olímpica, en la cual le dio a la inteligencia artificial una posición central de los futuros Juegos Olímpicos, misma que se reforzó en el primer Foro Olímpico de IA, celebrado en noviembre de 2025.
No hay que olvidar que "la ambición de la Agenda de IA Olímpica es lograr un deporte más justo, transparente y atractivo", apunta Standaert, y añade que también va a desempeñar "un papel discreto pero importante en la definición de la excelencia".
Pero, "si los jueces de élite son reemplazados o marginados gradualmente, las consecuencias podrían repercutir negativamente en la formación de los jueces de menor nivel, el desarrollo de los atletas y la evolución de los deportes a lo largo del tiempo".
"Por lo tanto, el desafío al que se enfrentan los deportes olímpicos no es solo tecnológico, sino también institucional y cultural: ¿cómo podemos evitar que la IA debilite los valores que dan significado a cada deporte?", concluye el experto.