Recientes hallazgos y estudios en la zona arqueológica de Tlatelolco muestran un caso de cómo los náhuas de principios del siglo XVI trataban a las mujeres que alcanzaban la divinidad al morir durante el parto o el embarazo, y se pueden contrastar con los de otras tres mujeres que murieron en condiciones similares en el siglo XIX.
Para los antiguos náhuas, el parto "era considerado como una batalla contra la muerte", por lo que las mujeres "guerreras" que morían durante el parto o el embarazo, sobre todo si era el primero, eran consideradas mocihuaquetzqui (la que se yergue como mujer), cihuapipiltin (mujer preciosa) o cihuateteo (mujer divina).
En el numero 197, de marzo y abril de este año, en la revista Arqueología mexicana se publican los artículos “La parturienta del Centro Cultural Universitario Tlatelolco”, donde se trata el caso del entierro de una adolescente tlatelolca, y “Las madres del cólera”, sobre tres jóvenes adultas que murieron en una epidemia de cólera.
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Las investigaciones de ambos casos, hecha por Salvador Guilliem Arroyo, director del Proyecto Tlatelolco del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y la antropóloga física Miriam Angélica Camacho Martínez forman parte del proyecto que ha explorado contextos funerarios.
Una joven tlatelolca y su bebé nonato
En “La parturienta del Centro Cultural Universitario Tlatelolco” los autores abordan "el hallazgo de una ofrenda en la rampa de acceso del estacionamiento del CCUT, como parte de un salvamento arqueológico realizado en 2023", informa un comunicado del INAH.
Guilliem y Camacho escriben sobre un pozo, parte de una construcción fechada hacia 1506-1515, donde está el entierro de una mujer que al momento de morir tenía entre 15 y 17 años.
Los restos están acompañados de figurillas femeninas, platos, cajetes y malacates, y de un recién nacido. La construcción formaba parte de un templo donde –a la luz de esta interpretación–, debió venerarse a las cihuateteo.
“El parto era considerado como una batalla contra la muerte, donde el trofeo o cautivo era el recién nacido", señalan los autores en un extracto de la revista.
"Igual que un guerrero, la mujer luchaba por la perpetuidad de linaje, y quien moría al dar a luz y se transformaba en un ser divino, para residir en la Casa del Sol, en la parte occidental del cielo, rumbo que coincide con la orientación del templo donde se ubicó esta ofrenda”, añade Guilliem en el comunicado.
Además, los análisis hechos por Camacho Martínez indican que la madre tenía dos anomalías congénitas asociadas con la endogamia: dens invaginatus o “diente en diente”, una malformación del esmalte y la dentina; y ausencia de fusión en la primera vértebra cervical.
Por su parto, el nonato presenta muestras que pueden vincularse una deficiencia nutricional de la madre, quizá escorbuto, que pudo ser resultado de la alimentación exclusiva de maíz.
Las madres del cólera
Camacho y Guilliem también exponen el descubrimiento, realizado entre 2022 y 2025, "de los restos de tres mujeres inhumadas, cada una con un infante, en el Gran Basamento del recinto sagrado", una estructura prehispánica que fue reutilizada como fosa común, ante la mortandad ocasionada por la epidemia de cólera de 1833.
"Dichos entierros corresponden a mujeres que rondaban entre los 25 y 39 años, y neonatos con alrededor de 30 semanas de gestación, salvo uno que, al contar con 38 semanas, existe la posibilidad de que haya llegado a término", señala el comunicado.
Al ser entierros hechos en el México independiente del siglo XIX, los arqueólogos interpretan la presencia de los bebés en el regazo de sus madres como indicio de que fueron bautizados.
“Cuando la partera veía peligro de muerte en el recién nacido, aún dentro de la madre, estaba obligado a bautizarlo, incluso, cualquier parte del cuerpo que saliera de la cavidad pélvica”, señalan.
De acuerdo con Camacho Martínez, los restos de las mujeres tienen evidencias de actividad ocupacional, de haber desempeñado trabajos arduos, así como deficiencias nutricionales, por lo que supone que estas mujeres pertenecían a la población pobre de la Ciudad de México.
“Es raro encontrar niños en este tipo de contextos, ya que a menudo había un lugar especial para ellos. A pesar de la gravedad del cólera, estas mujeres fueron colocadas en ataúdes con sus infantes, lo que implica la intención de que permanecieran juntos”, finaliza la experta.