No siempre se reconoce que si en la moda actual se utilizan hombreras, estampados de animales e incluso el color rosa fucsia se debe a la pionera italiana Elsa Schiaparelli, de quien se inauguró la exposición retrospectiva "La moda se convierte en arte" ("Schiaparelli: Fashion Becomes Art"), en Londres.
Schiaparelli es más conocida por su conexión con el movimiento surrealista, a través de sus colaboraciones creativas con los artistas Salvador Dalí y Jean Cocteau. También porque, como señala el diario The Guardian, le encantaba escandalizar.
Por ejemplo, uno de los diseños más emblemáticos de Schiaparelli es el vestido de langosta, creado en 1937 en colaboración con Dalí, el cual "demuestra cómo su obra desdibujó los límites entre la moda y el arte, un tema recurrente en la exposición", señala Naomi Braithwaite, profesora investigadora de Moda y Cultura Material de la Universidad de Nottingham Trent.
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El vestido de langosta se exhibe en la sala titulada Constelaciones Creativas del Victoria & Albert Museum de South Kensignton (conocido simplemente como V&A), junto al famoso teléfono de langosta de Dalí, creado un año después.
La exposición tiene más de 400 objetos "reunidos por un equipo curatorial de moda, arte y fotografía para la primera exposición de este tipo en el Reino Unido, que muestra la singular contribución de Schiaparelli, quien "concebía el diseño de moda no como una profesión, sino como un arte", añade Braithwaite.
La diseñadora más comentada en el periodo de entreguerras
El 10 de septiembre de 1890, en un palacio romano en el seno de una familia de aristócratas e intelectuales, nació Elsa Luisa Maria Schiaparelli, quien a los 23 años se fue a París, donde presentó su primera colección en 1927.
También en ese año "abrió su taller, donde las mujeres más atrevidas podían adquirir prendas de punto con diseños geométricos en blanco y negro que creaban un efecto trampantojo", señala Braithwaite en su comentario "La moda se convierte en arte: un viaje deliciosamente decadente a través del mundo surrealista de Elsa Schiaparelli" en el sitio The Conversation.
En sus inicios, Schiaparelli era conocida por diseñar ropa deportiva y de ocio, en respuesta al creciente interés de la sociedad moderna por estas actividades.
Sin embargo, fue transformando "el vestuario cotidiano con trajes adornados con botones extraordinarios y bolsillos colocados de forma inusual. Esto se ilustra maravillosamente en la exposición con un abrigo diseñado para la socialité británica y estrella de teatro Pamela Carme, con botones en forma de máscaras de la comedia/tragedia griega", añade la experta
Para la década de 1930, sus colecciones de ropa de noche (pour le soir), en la que experimentar con los límites entre el arte y la moda, tenían "materiales innovadores como el celofán y su predilección por las siluetas impactantes" que captaron la atención de la alta sociedad y las celebridades.
Así, "Schiaparelli pasó de ser una diseñadora autodidacta a convertirse en la diseñadora más comentada de París durante el periodo de entreguerras".
Entre la moda y el arte
Braithwaite también destaca "la maravillosa Colección Circo del verano de 1938, que incluye el vestido hueso con su singular confección acolchada y cremalleras visibles" y las "suntuosas chaquetas Schiaparelli, donde un foco cambiante resalta los adornos y bordados de la renombrada casa de bordados parisina Maison Lesage".
Así como "una espectacular variedad de accesorios", como el sombrero-zapato invertido, "presentado en una burbuja de cristal circular a través de la cual se vislumbra, al fondo, el vestido langosta" y el abrigo de noche de 1937, diseñado con Cocteau, con rostros besándose reflejados bajo una cascada de rosas rosas".
O sus creaciones para teatro y cine, como un traje de pantalón para Marlene Dietrich, quien desafió los ideales convencionales de feminidad y estilo femenino.
Schiaparelli se retiró y cerró su casa de modas en 1954, la cual permaneció inactiva hasta su reapertura en 2019 bajo la dirección creativa de Daniel Roseberry, ya que la propia Schiaparelli falleció el 13 de noviembre de 1973, en París.
La exposición también muestra que Roseberry "mantiene la visión de la diseñadora italiana, combinando innovación con imprevisibilidad".
Si bien la pronunciación correcta de su nombre puede seguir generando confusión (se pronuncia Skaparelli), esta exposición deja claro que su genio creativo nunca estará en duda.
Cabe añadir que Braithwaite comenta que Schiaparelli comentó en cierta ocasión: "Nadie ha podido pronunciar bien mi nombre… pero todo el mundo sabe lo que significa».
"Si bien la pronunciación correcta de su nombre puede seguir generando confusión (se pronuncia Skaparelli), esta exposición deja claro que su genio creativo nunca estará en duda", concluye la académica.