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Enfermedad inflamatoria intestinal: alrededor de 60 mil personas viven con este padecimiento crónico en México
Jueves 21 de Mayo de 2026
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Enfermedad inflamatoria intestinal: alrededor de 60 mil personas viven con este padecimiento crónico en México

Especialistas advierten sobre el riesgo de confundir el problema con trastornos comunes y llaman a no normalizar síntomas como la diarrea crónica o el dolor abdominal para evitar retrasos en el diagnóstico

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EFE.- Unas 60 mil personas viven en México con enfermedad inflamatoria intestinal (EII), según la Secretaría de Salud, un padecimiento crónico que puede tardar en diagnosticarse porque sus síntomas suelen confundirse con otros problemas gastrointestinales.

Por ello, en el marco del Día Mundial de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal que se conmemora cada 19 de mayo, especialistas llaman a no normalizar síntomas como diarrea crónica, sangrado rectal, dolor abdominal recurrente o pérdida de peso sin causa aparente.

La enfermedad inflamatoria intestinal es un término genérico que abarca, sobre todo a la colitis ulcerosa crónica idiopática y la enfermedad de Crohn, cuyas manifestaciones iniciales pueden parecerse a infecciones, síndrome de intestino irritable u otros trastornos digestivos comunes, lo que retrasa la consulta médica, el diagnóstico y el inicio de un tratamiento oportuno.

México no cuenta con un registro nacional actualizado y público que permita conocer con precisión cuántas personas están diagnosticadas con colitis ulcerosa crónica idiopática o enfermedad de Crohn.

Sin embargo, un estudio publicado en 2019 en la Revista de Gastroenterología de México mostró que, entre los casos atendidos, la colitis ulcerosa concentraba casi ocho de cada 10 registros, mientras que la enfermedad de Crohn representaba poco más de dos de cada diez.

La Secretaría de Salud señaló en 2024 que los grupos más afectados son los adultos jóvenes y las personas de entre 60 y 70 años, y advirtió que la enfermedad puede impactar de forma negativa la calidad de vida cuando no se identifica ni se trata a tiempo.

Un diagnóstico que exige sospecha clínica

La EII no se confirma con una sola prueba, ya que su diagnóstico requiere integrar la historia clínica, exploración física, estudios de laboratorio, pruebas en heces, endoscopia, colonoscopia, biopsia y, en algunos casos, estudios de imagen.

Una revisión científica publicada en 2024 en Diagnostics señala que el abordaje diagnóstico debe combinar laboratorio, endoscopia, patología e imagen, debido a que la enfermedad puede variar en localización, severidad y evolución.

“La detección temprana de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal es determinante para los y las pacientes. No sólo reduce el riesgo de cirugías, hospitalizaciones y complicaciones irreversibles, también le devuelve al paciente la posibilidad de llevar una vida plena antes de que el daño intestinal avance”, señaló Cristian Barajas, líder del Área Terapéutica de Gastroenterología en Takeda México.

Dos enfermedades con distinto comportamiento

La colitis ulcerosa afecta principalmente el colon y el recto. Cuando la inflamación se mantiene durante años o compromete grandes segmentos del colon, puede aumentar el riesgo de cáncer colorrectal, por lo que el seguimiento médico resulta clave.

La enfermedad de Crohn, en cambio, puede afectar cualquier parte del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, aunque suele comprometer con mayor frecuencia el intestino delgado. Entre sus complicaciones pueden aparecer anemia, desnutrición, obstrucciones, fístulas, úlceras o necesidad de cirugía.

Imagen ilustrativa de una cirugía abdominal. Crédito: EFE

A nivel mundial, la carga de la EII ha aumentado en las últimas décadas. Un análisis publicado en 2026 con datos del estudio Global Burden of Disease reportó que, aunque algunos indicadores ajustados por edad han disminuido, el número absoluto de casos creció entre 1990 y 2021 en países del Grupo de los veinte (G20) principal foro internacional para la cooperación económica, política y financiera.

Más allá de los síntomas digestivos, la EII puede afectar la salud emocional, la vida laboral, las relaciones sociales y la autonomía de quienes la padecen. La imprevisibilidad de los brotes, el dolor, la fatiga y la urgencia de acudir al baño pueden generar ansiedad, aislamiento y deterioro en la calidad de vida.

Ante estas señales, la recomendación es acudir con un profesional de la salud y evitar la automedicación, pues un diagnóstico oportuno puede reducir complicaciones y permitir que las personas con EII mantengan un mejor control de una condición crónica que requiere seguimiento especializado.