Francisco Díaz avanza con dificultad entre el agua residual que desde septiembre mantiene inundada su propiedad en Santa Cruz Chignahuapan, Estado de México. Con su bastón, esquiva los charcos que ahora cubren lo que antes era su patio, convertido en un humedal bajo el lirio que ya tapa el agua estancada desde hace dos meses.
La escena se repite en al menos 16 viviendas de esta comunidad, donde las lluvias torrenciales de septiembre saturaron el drenaje y, junto con la crecida del río Lerma, anegaron casas, corrales y sembradíos. Desde entonces, unas 70 personas viven desplazadas, esperando que el nivel del agua baje para poder regresar.
Entre los damnificados está Luis Gaytán, quien perdió cerca de 300 mil pesos y hoy solo vuelve a su casa para alimentar a los borregos y conejos que logró rescatar. Como él, los habitantes exigen acciones urgentes: no despensas, sino soluciones que permitan recuperar sus hogares, corrales y sus tierras antes del próximo ciclo agrícola.
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