En los jardines de Ciudad Universitaria, en la Ciudad de México, un reducido grupo de jóvenes se reunió para afirmar que su identidad no es humana, sino animal. Se hacen llamar “Therians” y aseguran sentir una conexión profunda con lobos, gatos o aves que, dicen, habitan en su interior.
“Corro como perro, trato de perfeccionar más mis movimientos. Digamos la transformación (a perro) va en un 50%”, dijo Jesús, un joven que se siete un perro de raza poodle.
En redes sociales son objeto de burlas y críticas, mientras ellos defienden su derecho a expresar lo que consideran su verdadero ser.
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La ciencia ha analizado este fenómeno. Estudios sobre el zoomorphism o señalan que, en la mayoría de los casos, se trata de un rasgo inofensivo y que los diagnósticos clínicos vinculados con teriantropía son poco frecuentes.
Especialistas apuntan que podría tratarse de una búsqueda de identidad propia de la juventud contemporánea. Recomiendan a padres y tutores mantener la comunicación abierta y observar si estas conductas afectan —o no— la vida escolar y social de quienes las adoptan.
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