La imagen y voz de figuras públicas como la de la presidenta Claudia Sheinbaum o del expresidente Andrés Manuel López Obrador ha servido como gancho para llevar a cabo fraude cibernético, el cual acumula millones de pesos mes con mes.
Las redes de estafadores digitales aprovechan las redes sociales y plataformas que pueden desaparecer de un día a otro o que resultan difícil de rastrear.
El modus operandi consiste en crear anuncios falsos con la imagen y voz de un personaje público que invita a realizar una "inversión milagro", en donde las ganancias prometidas son demasiado atractivas, pero que resultan en la pérdida de los ahorros de toda una vida.
Aunque este delito no es nuevo en México, su creciente sofisticación ha superado la capacidad de respuesta del gobierno federal, cuya estrategia actual ha resultado insuficiente frente a la magnitud del problema.
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