Las cifras oficiales dicen una cosa, pero en el terreno la realidad cuenta otra historia. Mientras el gobierno federal ajusta a la baja el número de personas desaparecidas en México, madres buscadoras recorren canales, predios y basureros en busca de indicios que contradicen esa narrativa.
A ras de suelo, donde el olor a aguas negras y desechos es parte del entorno, la crisis no se mide en estadísticas, sino en hallazgos. Identificaciones abandonadas, restos humanos y zonas convertidas en cementerios clandestinos son parte del paisaje que estas mujeres enfrentan, muchas veces sin protección y bajo amenazas constantes.
El contraste se vuelve más evidente cuando, a pocos kilómetros del poder político, colectivos localizan pistas de personas desaparecidas apenas días después de que se anuncian nuevas cifras oficiales. La búsqueda no se detiene, aunque el respaldo institucional resulte insuficiente o, en ocasiones, simbólico.
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Latinus acompañó una vez más a un grupo de buscadoras que muestra esa brecha: la que separa los discursos oficiales de la experiencia de quienes buscan.
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