EFE.- “Fascinado, como todo niño de los noventas, por el mundo de los dinosaurios y la Edad de Hielo”, a Emilio Mármol se le ocurrió buscar algo que se pensaba que era imposible: encontrar y analizar ARN conservado en los de un mamut lanudo que vivió hace unos 40 mil años. Y, junto con su equipo, lo logró, y con eso consiguió información que de otra forma no se podría tener.
La molécula de ARN, en condiciones normales, tiene una vida media que va de unos minutos a algunas horas, “por eso decimos que estamos viendo el estatus físico y metabólico del músculo del mamut Yuka poco antes de morir", dijo a EFE Emilio Mármol, primer autor del reporte de la investigación publicado este viernes en la revista Cell.
Yuka es una cría de mamut lanudo que murió hace aproximadamente 40 mil años y cuyos restos se conservaron en el permafrost de Siberia y fueron encontrados en agosto de 2010 por los llamados cazadores de colmillos. Las moléculas de ARN aisladas y secuenciadas proceden de los tejidos musculares de una de sus patas.
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Lo que, entre otras cosas, revela el ARN de Yuka, es que estaba estresada al momento de morir, por lo que podrían confirmarse las sospechas de que este ejemplar fue herido por un depredador.
"Esa es una información que no se puede obtener únicamente usando ADN” como el que se ha obtenido en diversas investigaciones en los últimos años, agregó Mármol, que comenzó la investigación en la Universidad de Estocolmo y la completó en el Globe Institute de Copenhague, al que ahora pertenece este científico español.
ARN y los marcadores moleculares de estrés
El ácido ribonucleico o ARN es una molécula que está presente en todas las células vivas y es esencial para la síntesis de proteínas y para la expresión y regulación de los genes; sin embargo, aunque que tiene muchas similitudes química estructurales con el ADN, no forma cadenas dobles, por lo que es mucho más frágil.
Por esta razón, el ARN, sin las medidas adecuadas de esterilidad y frío, se degrada casi por completo en pocas horas; pero en condiciones de frío y desecación, tanto el ADN como el ARN pueden conservarse durante mucho tiempo.
Mientras el análisis del ADN nos dice qué genes tiene un determinado organismo, lo que revela el ARN es cuáles de esos genes están activos en un momento dado y en el tejido en específico (todas nuestras células tienen los mismos genes, pero son muy distintos los que están activos en las neuronas a los de los músculos o los de las capas del intestino).
Los investigadores detectaron ciertos marcadores moleculares de estrés en la expresión génica muscular de Yuka, “lo que podría coincidir con el hecho de las marcas encontradas” en su cuerpo y que indican que fue herido o cazado por algún predador con garras afiladas, posiblemente leones de las cavernas, lo que ya había apuntado un estudio previo.
No obstante, esos marcadores de estrés también podrían deberse al propio hecho de la muerte, es decir, “las células están estresadas porque están muriendo, o bien una combinación de ambos factores”, considera Mármol.
Además, encontraron moléculas de ARN que se asocian con los componentes estructurales del músculo y toda una serie de reguladores, que dan una idea sobre qué procesos metabólicos estaban siendo activamente regulados en los últimos momentos de vida de Yuka.
Otras aplicaciones
La persistencia del ARN durante más tiempo del que se creía implica que también sería posible secuenciar virus de ARN, como los de la gripe o los coronavirus, conservados en restos de la Edad de Hielo, dice Love Dalén, líder de la investigación, en un comunicado de la Universidad de Estocolmo.
El estudio de virus de ARN en especies antiguas, permitiría trazar el origen evolutivo de esos virus y ayudar a entender cómo cambian y evolucionaron hasta llegar al presente, o “incluso descubrir el origen de pandemias pasadas para las cuales tenemos registro de que existieron”, agrega Mármol.
Los modelos matemáticos señalan que el ADN más antiguo que teóricamente se podrá secuenciar tendrá unos siete millones de años. El récord actual está en 2 millones de años para ADN de bacterias en sedimentos y en un millón de años para el de mamuts.
En el caso del ARN, con el que trabajar es “mucho más delicado”, se carece de datos suficientes para realizar modelados precisos, “pero seguramente haya alguna muestra aún sin analizar con ARN más antiguo que el que reportamos”, concluye Mármol.