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"Ponte suéter": la causa de que los niños no se abriguen aunque haga frío y cómo esto puede ayudar a combatir la obesidad
Domingo 14 de Diciembre de 2025
VIDA SALUDABLE

"Ponte suéter": la causa de que los niños no se abriguen aunque haga frío y cómo esto puede ayudar a combatir la obesidad

La regulación de la temperatura corporal depende en buena medida de la llamada "grasa parda", cuya actividad reduce la propensión a problemas metabólicos

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Nadar en agua fría durante el Polar Bear Plunge (zambullida del oso polar) es una costumbre del día de Año Nuevo, el 1 de enero, en Nueva York. Créditos: AP
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Los adultos lo recordamos bien —nuestra madre nos pedía ponernos el suéter o la chamarra cuando en realidad no sentíamos frío— o lo vivimos recientemente con nuestros hijos —que no se quieren abrigar aunque nosotros lo consideremos muy necesario—. Con los nietos, ni se diga. 

Desde hace tiempo se sabe bien que niños y jóvenes sienten menos frío que los adultos porque tienen mayor cantidad de cierto tipo de grasa, la llamada grasa parda, que está almacenada en células esencialmente distintas a las que guardan la grasa que provoca el sobrepeso o la obesidad, que es la grasa blanca, relacionada con el almacenamiento.

Esto significa que la grasa parda no está relacionada con el sobrepeso ni con la obesidad; de hecho, estudios recientes sugieren que tener suficientes cantidades de grasa parda saludable y activa puede ser una forma de combatir problemas como el síndrome metabólico, la diabetes y, por supuesto, la obesidad y el sobrepeso.

Grasa parda contra grasa blanca

La grasa parda se ubica en las células conocidas como adipocitos pardos, cuyo color, similar al de los músculos, se debe a que, además de las moléculas de grasa, tienen muchas mitocondrias, que son los pequeños organelos que convierten el alimento en energía que el cuerpo pueda utilizar.

En el caso de los adipositos pardos, lo que hacen es generar calor o, mejor dicho, calentar la sangre, y es esta la que, al recorrer el cuerpo, lo calienta.

Otra diferencia entre los tejidos adiposos blanco y pardo es que se ubican en partes distintas del cuerpo. La grasa parda sólo está en algunos lugares "estratégicos" para cumplir su función, como el cuello, los hombros, a lo largo de la columna vertebral y en algunas zonas abdominales.

La cantidad de grasa parda que tiene cada quien en estas zonas corporales depende, por supuesto, de la edad, pero también del clima en el que vive —lo que hace que, por ejemplo, la gente que vive a nivel del mar, sienta más frío cuando viaja hacia lugares elevados que la gente que vive ahí— y hasta de la temporada del año. Pues se acumula más en invierno que en verano.

Nadar en agua fría durante el Polar Bear Plunge (zambullida del oso polar) es una costumbre del día de Año Nuevo, el 1 de enero, en Nueva York. Crédito: AP

Pero la diferencia más importante es que los adipocitos pardos "atacan" las reservas de grasa blanca.

Quemar grasa para perder peso

De acuerdo con un comunicado de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich, la activación de las células quemadoras de grasa hace que las personas pierdan peso. "Cuando hace frío, los adipocitos pardos extraen su combustible de la grasa almacenada, ya que la termogénesis requiere muchas calorías", señala el texto.

"Las personas que entrenan su grasa parda mediante la exposición regular al frío son más delgadas y menos propensas a desarrollar diabetes y enfermedades cardiovasculares", dice Alexander Bartelt, académico de esa universidad y autor principal de un estudio que recientemente descifró un mecanismo molecular que aumenta la respiración y la actividad metabólica de los adipositos pardos.

El estudio, publicado en septiembre de 2024 en The EMBO Journal y realizado por un equipo internacional de otros países de Europa y de Brasil, partió de una hipótesis muy elemental: la activación de los fue adipositos pardos está regulada por el frío, y encontraron la proteína que regula esa activación en mitocondrias aisladas, células cultivadas y un modelo animal.

"Si bien hemos encontrado una pieza clave para comprender la termogénesis, las aplicaciones terapéuticas aún están muy lejos", explica Henver Brunetta, de la Universidad de Campinas en Brasil y quien dirigió el estudio.

Aun así, la investigación revela que "la mayoría de las personas utilizan su grasa parda con poca frecuencia y esta se vuelve inactiva", por lo que tal vez pasar un poco de frío de vez en cuando puede ser saludable.

Pérdida con la edad

Si bien es posible que la razón de la pérdida de grasa parda con la edad esté relacionada con menor exposición al frío, diversos estudios están buscando formas de prevenir esa pérdida o de reactivar a los adipositos pardos en las personas. 

Por ejemplo, una investigación de la Universidad de Barcelona y el Albert Einstein College of Medicine de Nueva York publicada a finales de octubre pasado, encontró una forma farmacológica de mantener activos los adipositos pardos en ratones. 

Otro, de la Universidad de Washington y publicado en septiembre encontró, también en ratones, que la administración de ciertos ácidos grasos, activa la grasa parda y previene la obesidad. Estos ácidos grasos son comunes en los productos lácteos que consumimos los humanos

Un estudio más de la Universidad de Barcelona, publicado también en septiembre pero en la revista Nature Communications, encontró que una sustancia, llamada neuritina 1, permitió —también a unos ratones— aumentar la quema de energía sin afectar la ingesta de alimentos.

Para Antonio Zorzano y Manuela Sánchez-Feutrie, quienes encabezaron la investigación, esta puede ser una mejor opción que los fármacos actuales contra la obesidad y la diabetes, como Ozempic o tirzepatida, que actúan suprimiendo el apetito.