Hasta hace 50 años, los estudiosos de la conducta animal pensaban que en todas las especies de mamíferos los machos tenían un "poder universal" sobre las hembras; sin embargo esta idea fue cuestionada por el descubrimiento de que las hienas moteadas hembras tenían poder sobre los machos, y después se han ido encontrando otras especies donde la jerarquía tiende hacia el lado femenino.
Aun así, las manadas de gorilas, donde los imponentes machos llegan a tener el doble de tamaño que las hembras, permanecían como ejemplo de la dominancia masculina... Hasta finales la semana pasada, cuando se publicaron los resultados de una investigación realizada a lo largo de tres décadas con cuatro grupos sociales de gorilas de montaña salvajes de Bwindi.
El estudio, realizado por científicos del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig y la Universidad de Turku publicado en la revista Current Biology, demostró que, entre gorilas, las relaciones de poder entre hembras y machos no están tan marcadamente inclinadas hacia el lado masculino como se creía.
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"Queríamos investigar las relaciones de poder entre hembras y machos en gorilas porque estos presentan asimetrías extremas, con tendencia masculina, en el tamaño corporal y (el de los dientes) canino(s), y se considera que exhiben el poder más marcado sobre las hembras entre los grandes simios", afirma en un comunicado de prensa Nikolaos Smit, investigador postdoctoral y coautor del reporte de la investigación.
Además, desde hace tiempo se sabía que las gorilas hembras pueden elegir con qué machos reproducirse, "un rasgo vinculado a un mayor poder femenino en primates", agrega Smit.
Poder femenino
"Aunque el individuo de mayor rango en cada uno de los cuatro grupos de estudio era macho, el 88% de las hembras superaron en rango al menos a un macho adulto en los grupos que tenían varios machos", señalan en el reporte Smit y Martha Robbins, directora del proyecto de investigación a largo plazo, que proporcionó los datos para el estudio.
El estudio encontró que, además, las hembras ganan uno de cada cuatro conflictos, dominan a uno de cada cuatro machos no alfa y siempre tienen acceso prioritario a ciertos recursos alimenticios sobre los machos a los que dominan y en la mitad de los casos con los que no dominan, "destacando un componente funcional del empoderamiento femenino", escriben Smit y Robbins.
La dominancia de las hembras sobre los machos adultos es independiente de si estos son jóvenes o viejos, todo lo cual "sugiere que otros mecanismos influyen en las relaciones de poder entre hembras, además del tamaño y la fuerza básicos", dice en el comunicado Martha Robbins, investigadora del Instituto Max Planck.
Epílogo sobre el poder biológico
Si bien en el reporte de la investigación Smit y Robbins señalan de manera sobria y académica que su estudio "cuestiona el supuesto del 'arquetipo de poder masculino' en un homínido que exhibe un dimorfismo sexual de tamaño extremo con sesgo masculino", y que se requieren más investigación sobre "los orígenes evolutivos de las relaciones intersexuales entre especies", en el comunicado del Max Planck son más directos.
"El patriarcado humano: una construcción cultural, no un legado de los primates", dice un subtítulo del comunicado, que anexa otras investigaciones recientes sobre primates en las que ha participado el Instituto de Antropología Evolutiva y donde se revisan, actualizan o contradicen las ideas de las relaciones de poder entre hembras y machos de distintas especies.