Tras una experiencia traumática, como un temblor, un accidente de auto o un episodio de violencia, algunas personas desarrollan una condición llamada trastorno de estrés postraumático, que puede llegar a durar el resto de su vida e interferir con sus actividades cotidianas y afectar tanto la salud mental como la física.
Sin embargo, se ha visto que algunas acciones sencillas pueden ayudar a prevenir que se desarrolle esta condición.
Una forma de describir el trastorno de estrés postraumático (TEPT, aunque también se le suele llamar PTSD por su sigla en inglés), es que se trata de "la consolidación del miedo"; es decir, se puede decir que el temor que experimentamos durante el evento traumático se hace permanente.
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Así, el síntoma distintivo del TEPT son los recuerdos desagradables e intrusivos de un evento traumático en forma de imágenes mentales, comúnmente conocidas como flashbacks. Por esta razón, muchas de las acciones que se sugieren para tratar esta condición tienen que ver con la memoria del hecho traumático.
Otros síntomas comunes pueden incluir la evitación, entendida como los esfuerzos de alejarse personas, situaciones o lugares que nos recuerdan el trauma; la tensión excesiva en ciertos momentos; problemas como la dificultad para dormir y concentrarse, y puede afectar la salud física de diversas formas, en particular en el desarrollo de la diabetes y problemas cardiovasculares.
Descrito de esta manera, TEPT puede no sonar tan grave pero en para algunas personas estas sensaciones puede ser tan abrumadoras que llegan a conducir al suicidio; especialmente si se combinan con traumas posteriores.
Por qué unas personas lo desarrollan y otras no
Es un hecho que hay personas más propensas a desarrollar el TEPT que otras; sin embargo, hasta ahora no está claro a qué se debe esto.
Distintos estudios han encontrado, por ejemplo, diferencias genéticas y de funcionamiento de distintas áreas de la corteza cerebral entre las personas que desarrollan el trastorno y las que no; pero también se ha visto que diferentes culturas en el mundo tienen tasas diferentes de desarrollo de TEPT ante eventos similares, y no son los únicos factores.
Según dos estudios recientes que destacan por su larga duración, dieron seguimiento durante 35 años a veteranos estadounidenses de la Guerra de Vietnam (la población en que se descubrió la existencia del TEPT), encontraron que las características socioeconómicas en que los sujetos crecieron pueden influir de manera importante en que se desarrolle el trastorno.
Aun así, la diferencia más notable y consistente la señala el equipo de investigación que realizó experimentos en busca de un medicamento para curar o al menos paliar sus síntomas: El TEPT tiene el doble de prevalencia en mujeres.
"Sabemos desde hace años que los cerebros de mujeres y hombres no procesan el trauma de la misma manera", afirmó Raül Andero Galí, de la Universidad Autónoma de Barcelona y líder de la investigación.
Por esta razón, su equipo hizo los experimentos con ratones hembra a diferencia de lo que suelen hacer otros laboratorios. Sin embargo, aunque los experimentos de Andero y sus colegas y los otros equipos han sido exitosos aún está lejos de desarrollarse un medicamento que cure el TEPT.
Medicamentos, naturaleza, meditación o juegos
Hasta ahora, se han probado diversas formas para curar o tratar el TEPT, desde la estimulación cerebral (incluso la invasiva en casos graves) y medicamentos hasta la meditación y el contacto con la naturaleza; pasando por diferentes combinación.
Muchos de estas aproximaciones funcionan en diversas medidas, como la combinación del antidepresivo ketamina con terapias de escritura y el uso psicodélicos y derivados de la marihuana o canabinoides. Estas soluciones requieren de seguimiento médico y psicológico profesional.
A un nivel más íntimo y personal, y para personas con manifestaciones menos graves, también han demostrado ser eficaces cosas como recurrir a las redes de apoyo de familiares y amigos, la meditación y las caminatas en la naturaleza (estas prácticas comunes también son útiles para quienes requieren tratamientos más especializados).
Sin embargo, una de las terapias accesibles más eficaces para tratar el TEPT y hasta para revenirlo consiste en simplemente ponerse a jugar.
Emily Holmes, de la Universidad de Uppsala, y lograron reducir los flashbacks en un grupo de voluntarios con TEPT pidiéndoles que cada vez que les llegara un recuerdo desagradable se pusieran a jugar Tetris tridimensional mentalmente, imaginando las piezas y que las hacen rotar.
Holmes y su equipo escogieron el Tetris en referencia a que trataron de ver el problema desde distintos ángulos, pero de lo que se trata es de distraer la mente. Otros expertos han sugerido sugerido cosas como hacer sudokus o crucigramas, desde poco tiempo después de que ocurra el evento traumático.
Esta aproximación es recomendable porque ocuparse con un juego o actividad que sea exigente desde el punto de vista cognitivo, evitar que las memorias empiecen a hacerse recurrentes, y a que el miedo se consolide, o, como mostraron Holmes y sus colegas, logran detener la recurrencia.