Hace alrededor de 10 mil años, un meteorito cayó en lo que actualmente se conoce como Cabo York, Groenlandia. La leyenda inuit al respecto nombra los tres fragmentos más importantes del meteorito como la mujer cosiendo, su tienda y el perro acurrucado —o simplemente la Mujer, la Tienda y el Perro—, y dice que fueron arrojados desde cielo el por el espíritu Tornarsuk.
Esta es la leyenda sobre Saviksue o Saviksoah (que significa grandes hierros y que es como llamaban al conjunto de fragmentos del meteorito) que los inuits le contaron a Robert Peary, un oficial de la Marina de los Estados Unidos y el aventurero que en 1909 anunció su victoria en la carrera al Polo Norte.
Antes de ir al Polo Norte, Peary pasó años explorando Groenlandia en trineos tirados por perros, "a menudo llevándose consigo lo que encontraba"; eventualmente eso incluyó a los tres enormes fragmentos del meteorito de hierro.
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Saviksoah "era una fuente única de metal que los inuit groenlandeses habían utilizado durante siglos para fabricar herramientas. El trozo más grande del meteorito, Ahnighito, pesaba 34 toneladas; hoy en día, se encuentra en el Museo Estadounidense de Historia Natural", comenta Paul Bierman, investigador de Recursos Naturales y Ciencias Ambientales de la Universidad de Vermont.
"Según se dice, (el museo) pagó a Peary 40 mil dólares estadounidenses por las rocas espaciales", agrega Bierman. Mientras que Martín Siegert, vicerrector adjunto de la Universidad de Exeter apunta que esa cantidad es "equivalente a tan solo 1.5 millones de dólares estadounidenses actuales".
Tanto Bierman como Siegert consideran que Saviksoah, la masa de hierro de 58 toneladas extraída de Cabo York al noroeste de Groenlandia y vendida en 1897 por el explorador Robert Peary, puede servir como metáfora de la situación de la isla desde principios del siglo XX hasta la actualidad.
El inmenso valor del hielo
"Durante siglos, antes de la colonización danesa, los habitantes de Groenlandia habían utilizado fragmentos del meteorito para fabricar herramientas y equipo de caza. Peary arrebató ese recurso al control local", señala que Siegert en un artículo reciente en The Conversation.
"Fue una transacción tan unilateral como cualquier otra que el presidente (Donald Trump) pueda estar contemplando ahora", añade Siegert.
"Antes de adentrarse de nuevo en esta isla helada, Estados Unidos cometería un error si no aprendiera de los fracasos pasados y considerara cómo el rápido cambio climático de la Tierra está alterando fundamentalmente la región", comenta Bierman también en The Conversation.
El presidente estadounidense ha dicho que quiere invadir o comprar Groenlandia por sus recursos naturales y/o por seguridad nacional; que tratándose de los elementos llamados tierras raras, fundamentales para la industria cibernética y en las que actualmente China es la fuente principal, llegan ser la misma cosa.
Sin embargo, "el mayor valor de Groenlandia para la humanidad no reside en su ubicación estratégica ni en sus potenciales recursos minerales, sino en su hielo" sentencia Bierman, autor del libro "When the Ice is Gone", sobre la historia ambiental, militar y científica de Groenlandia.
"Las investigaciones muestran que alrededor del 80% de Groenlandia está cubierta por una colosal capa de hielo que, de derretirse por completo, elevaría el nivel del mar a nivel mundial en unos siete metros (la altura de una casa de dos pisos)", apunta Siegert.
Ese hielo ya se está derritiendo "a un ritmo acelerado a medida que el mundo se calienta, liberando enormes cantidades de agua dulce al Atlántico Norte, lo que podría alterar la circulación oceánica que modera el clima en el hemisferio norte", agrega.
Por esta razón, la estrategia más razonable para seguir hacia el futuro "es proteger la capa de hielo de Groenlandia, en lugar de saquear una remota isla del Ártico mientras se incrementa la producción de combustibles fósiles y se acelera el cambio climático en todo el mundo".
La ciencia del clima en juego
La conservación, en lo que aún es posible, del clima como existe actualmente y del hielo tanto en el polo sur como en el norte depende en buena medida de la ciencia, y una parte significativa de esta ciencia se hace en Groenlandia.
Así se trate de recursos naturales, bases militares o quehacer científico, las fronteras de Groenlandia están abiertas para Estados Unidos y otros países. "Durante muchas décadas, Groenlandia ha permitido el acceso a científicos internacionales para ayudar a desvelar los secretos ambientales que se conservan en su hielo, rocas y lecho marino", señala Martín Siegert.
De hecho, añade, "investigadores estadounidenses han sido algunos de los principales beneficiarios, perforando profundamente el hielo para explicar la relación histórica entre el dióxido de carbono y las temperaturas, o participando en repetidas misiones de la NASA para cartografiar la tierra bajo la capa de hielo".
"El mundo entero tiene una enorme deuda de agradecimiento tanto con Groenlandia como con Estados Unidos, a menudo en colaboración con otras naciones, por este progreso científico realizado de forma abierta y justa. Es esencial que este trabajo continúe", agrega.
"Una toma de control unilateral por parte de Estados Unidos amenaza con interrumpir la colaboración científica abierta que nos ayuda a comprender la amenaza del aumento global del nivel del mar" : Martín Siegert.
El científico agrega que "el futuro de Groenlandia debería estar en manos de los groenlandeses y de Dinamarca. El futuro de la ciencia climática y la transición hacia un futuro seguro y próspero en todo el mundo dependen del acceso continuo a la isla en las condiciones establecidas por sus habitantes".
Y concluye: "El meteorito de Cabo York, capturado a solo 96 kilómetros de la Base Espacial Pituffik (ante Base Aérea Thule) de EU, es un recordatorio de la facilidad con la que se puede perder ese control".