Igual que otros meses, enero tiene 31 días, y si los contamos desde el día en que se acaban las vacaciones, a veces es hasta una semana más corto. Sin embargo, un meme muy creído y difundido —incluso desde antes de las redes sociales electrónicas— sentencia que enero es el mes más largo del año.
Se han dado varias explicaciones para esta alteración de la percepción temporal, desde el frío del invierno y la menor duración de los días hasta las dificultades económicas y el regreso a la escuela o al trabajo, en especial que viene después de las vacaciones y las reuniones de Navidad y Fin de Año.
Aunque algo de cierto tienen todas esas explicaciones, la que tiene mayor importancia y sustento científico —además de anecdótico— es la "hipótesis del reloj de dopamina".
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Esta explicación es importante porque no sólo se trata de explicar posts en redes sociales, ya que en invierno somos "más propensos a presentar síntomas depresivos o sentirnos cansados y solos que en primavera y verano" y, lo más preocupante, es que en esta temporada aumentan los intentos de suicidio, señala Kiffer George Card, de la Universidad Simon Fraser.
El reloj de dopamina
Como seres humanos, y como mamíferos en general, tenemos poca capacidad para determinar determinar la duración temporal de los sucesos o eventos de manera objetiva, ya que nuestras emociones y expectativas interfieren con nuestra percepción.
De acuerdo con la hipótesis del reloj dopamina, este cambio en la percepción no sólo estaría en nuestra mente sino que se relaciona con la liberación, o su falta, de esa sustancia en ciertas zonas del cerebro.
La dopamina es el neurotransmisor de nuestro sistema de recompensas; es decir, su presencia nos hace sentir bien. Y por experimentos con ratas y ratones se ha demostrado que "una mayor liberación de dopamina acelera la percepción subjetiva del tiempo (su reloj interno) de un animal", dicen Patrick Simen y Matthew Matell en una revisión publicada en Science en 2018.
Según la hipótesis del reloj de dopamina hace "un supuesto adicional sobre la atención: cuando las cosas van bien, la atención al tiempo se reduce, de modo que los intervalos parecen más cortos de lo que son", añaden los autores.
Cuando la percepción nos manipula
Ciertamente, la explicación científica del reloj de dopamina coindice con nuestra experiencia, ya que a todos nos ha pasado que, cuando nos divertimos o la pasamos bien, el tiempo transcurre más rápido, e incluso tenemos la expresión de que "el tiempo se pasa volando". En cambio, cuando nos la pasamos mal, nos parece que el tiempo se alarga.
Curiosamente, este "mecanismo" también funciona de manera inversa, como demostró una investigación encabezada por Aaron Sackett y publicada en 2010 en la revista Psychological Science.
"Cuando las personas creen que el tiempo ha transcurrido inesperadamente rápido, califican las tareas como más atractivas, los ruidos como menos irritantes y las canciones como más agradables", señalan en un resumen de siete estudios que probaron la hipótesis de que las personas utilizan la "progresión temporal subjetiva" en la evaluación del placer.
Por ejemplo, en uno de los estudios se pidió a dos grupos de estudiantes universitarios que realizaran una tarea ardua y no muy estimulante (subrayar determinadas cosas en un texto). Uno de los grupos dedicó 20 minutos a la tarea y el otro grupo sólo cinco; sin embargo, a ambos grupos se les dijo que la tarea les había llevado 10 minutos.
Ambos grupos confiaron en que el tiempo que se les dio era correcto y, sobre esa base, los participantes que habían dedicado cinco minutos a la tarea sintieron no solo que el tiempo había pasado muy rápido, sino que también disfrutaron más haciendo la tarea.
En cambio, quienes dedicaron 20 minutos a la tarea, y luego se les dijo que sólo habían dedicado 10, "la encontraron aburrida y consideraron que el tiempo se había hecho eterno", relata Jason Murugesu en un comentario sobre el experimento en la revista New Statesman.
Epílogo para manipular al tiempo
Kiffer George Card, en un artículo publicado en The Conversatrion, considera que "afortunadamente, el efecto del clima en nuestro estado de ánimo es mínimo y podemos superarlo mediante esfuerzos intencionales".
Para Card, lo que nos lleva a sentir que enero es largo, y en ocasiones a la depresión, es que en invierno, después de las fiestas decembrinas, nos aislamos más que de costumbre, y como seres sociales que somos, eso nos afecta.
Sin embargo, agrega, "podemos encontrar maneras de satisfacer nuestras necesidades sociales", como comprometernos con una actividad grupal semanal —como un club de lectura, sesiones de ejercicio o un grupo religioso— o programar reuniones presenciales o virtuales con familiares o amigos "y considerarlas compromisos fijos".
También "participar en voluntariados durante todo el año que proporcionen contacto regular y un sentido de propósito", puede ser una buena idea no sólo para sobrellevar enero, sino cualquier mes del año.