Cuenta la leyenda que alrededor del año 270, en la ciudad de Patara, en lo que actualmente es Turquía y entonces era la provincia romana de Licia, en medio de una tormenta y en una cuna noble nació un niño tan prodigioso que cuando apenas contaba con una hora de edad se puso en pie con las manos unidas en oración. Este pequeño eventualmente se convertiría en San Nicolás.
La vida de este santo, dedicada a la generosidad y que aparentemente fue real, lo llevó a convertirse en la figura epítome de la Navidad en buena parte del mundo y el dador de regalos por excelencia, Santa Claus; aunque en principio no tuvo que ver con la natividad de Jesucristo y su día de repartir regalos era (y en algunos lugares aún es) el 6 de diciembre.
El paso no fue inmediato y habría llegado desde Países Bajos a la ciudad que se iba a llamar Nueva Ámsterdam pero se acabó llamando Nueva York. El cambio de fechas del 6 al 25 de diciembre se fue dando entre los siglos XIX y XX y es posible que Clement Clarke Moore en su poema "A Visit from St. Nicholas" haya tenido mucho que ver.
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Sin embargo, existen muchas otras tradiciones de "regaladores".
Regaladores
Durante las 13 noches que preceden a la Navidad, en Islandia quienes reparten reglaos a los niños que se portan bien, y papas podridas a los que no, son otros tantos "muchachos de Navidad" o Jólasveinar, que parecen trols y a los que se suman la madre Gryla, el padre Leppaludi y, literalmente, hasta el gato de la familia.
En Cataluña, quien da los regalos es el Tió de Nadal (que significa el leño de Navidad), que es un tronco o rama gruesa que está en la casa desde cuatro domingos antes de la Navidad (el periodo conocido como Adviento), y al que se cubre para que no pase frío y se le deja comida en las noches. La noche del 24 de diciembre, los niños lo golpean con palos para que defeque los regalos.
El mismo día, a unos cuantos kilómetros de ahí, en el País Vasco y Navarra llega el Olentzero, un carbonero que hace unos años estaba todo enegrecido por su oficio, pero que ya en la actualidad va más limpio a dejar los regalos y tienen un aspecto bonachón.
Por su parte, desde el siglo XV, los regalos en Inglaterra eran proporcionados por el Padre Navidad (Father Christmas), una figura muy similar al Santa Claus actual pero con un origen independiente y distinto.
Similar a San Nicolás, aunque con menos leyendas famosas, alrededor del año 330 nació en una piadosa familia de Capadocia un niño que se convertiría en San Basilio el Grande, cuyo espíritu, en los aniversarios de su muerte, el 1 de enero, aún es la figura a quien se atribuye la repartición de regalos en Grecia.
En Italia, la Befana es una mujer edad avanzada que reparte regalos volando en una escoba en la noche de Epifanía, es decir, la que va del 5 al 6 de enero.
Para España y buena parte de Latinoamérica son sobre todo los tres reyes magos los que traen los regalos en la misma noche de Epifanía, aunque en lugares como Venezuela o Chile es también el Niño Dios y ahora por supuesto Santa Claus, quien lleva los regalos desde la Nochebuena.
Los magos llegados de oriente
Según los recuentos de San Mateo y San Lucas, a los pocos días de nacido Jesús —o unos dos años después—, algunos "hombres sabios" o magos llegaron a Belén desde el oriente de Jerusalem, guiados por una estrella, a adorarle acompañados por un séquito de personas. Eventualmente pasarían a ser considerados también reyes.
Esta visita se habría producido en una casa y no en un pesebre, después de que el niño fuera circuncidado —la costumbre era que esto sucediera a los ocho días de nacido— y presentado en Jerusalem.
Las fuentes son dispares, pues Lucas dice que la familia se fue de regreso a Nazaret, pero Mateo es claro al decir que los magos llegaron a Belén, según escribió el reverendo Edward J. Houdous, en The Catholic Biblical Quarterly de enero de 1944.
Además de adónde, no está muy claro desde dónde llegaron los magos. Una de las posibilidades más aceptadas es los magos fueran descendientes de los medos, que eran los pobladores de la región de Babilonia cuando fueron conquistados por los persas en el siglo VI antes de Cristo.
Los descendientes de los medos no llegaron a ocupar el trono en Persia, pero como sabían de astrología y eran sacerdotes, solían ser consejeros de quienes sí lo ocupaban. Además, eran magos no porque hicieran trucos en las fiestas, sino porque eran sacerdotes del zoroastrismo (por el profeta Zoroastro o Zaratustra).
Ciertamente, para cuando nació Cristo —y más para cuando escribieron Mateo y Lucas—, el término mago era más amplio y se aplicaba a sacerdotes de otras regiones y credos.
Si bien el número de magos que llegó a Belén no está claro, a Iglesia Latina asume que fueron tres porque entregaron ese número de regalos —oro, incienso y mirra—, la Cristiana antigua asumen que fueron dos, y la de oriente, siguiendo el texto apócrifo "Revelación de los Magos", dice que fueron 12.
En este texto, Cristo se revela ante los magos en la Cueva de los Tesoros, primero como brillante estrella y después como un humilde ser humano. Les explica quién es, que traerá salvación a la humanidad y les explica que ellos tienen la misión de llevar los tesoros de esa cueva al lugar donde nacerá como humano, adónde él mismo, convertido otra vez en estrella, los guiará.
A los regalos de los magos se les ha atribuido un carácter simbólico. Usualmente se considera que "el don del oro representa la realeza de Jesús, el incienso su divinidad o sacerdocio, y la mirra —una resina olorosa que se usaba en medicina, cosmética y entierros— su muerte expiatoria", apunta Jack Brownfield en Currents in Theology an Mission en 2025, y aclara que hay otras.
En España, de acuerdo con una investigación reciente, aproximadamente el 75% de las ventas de juguetes de cada año se concentran en Navidad y los entregan los Reyes Magos.
A México, la figura de Santa Claus llegó a mediados del siglo XX y al principio "fue visto como un 'extranjero indeseable', portador de una cultura ajena y una modernidad vinculada estrechamente a la sociedad de consumo", señaló Susana Sosenski en un artículo de 2014.
Santa Claus tuvo que lidiar con las tradiciones católicas mexicanas y con los Reyes Magos; se discutía "su inmoralidad, sus afanes modernizadores, su función en la 'americanización' de las costumbres mexicanas y su relación con los intentos de crear una 'cultura comercial'", añade Sosenski.
En unos cuanto años, entre 1950 y 1960 aproximadamente, esta nueva "tradición" importada se incorporó y muchos niños reciben regalos tanto el día 25 de diciembre como el 6 de enero.