Fue en noviembre de 1996 cuando un juguete llamado Tamagotchi salió a la venta en Japón. Era una "mascota digital" a la que había que alimentar y limpiar, también había que jugar con ella para mantenerla contenta. Ahora es uno de los principales símbolos del llamado Heisei Retro.
El éxito del Tamagotchi fue inmediato e inesperado, al punto que las existencias y la producción no alcanzaban a cubrir la demanda y más de 10 mil consumidores se quedaban diariamente con las ganas de adquirir el dispositivo durante sus primeros meses, de acuerdo con información de la agencia EFE.
La expansión internacional fue también rápida y, en sólo ocho meses, el juguete alcanzó las 10 millones de unidades vendidas, una cifra récord en un sector donde un millón ya se consideraba un gran éxito comercial. Desde entonces, se han lanzado 38 modelos distintos.
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Como el primer acto conmemorativo de las tres décadas de historia del juguete, el Museo de Roppongi en Tokio abrió este miércoles las puertas de la Gran Exhibición Tamagotchi, una muestra itinerante que continuará por las ciudades japonesas de Nagoya, Mito y Osaka, informa EFE.
Heisei Retro, la nostalgia de la "Generación Z"
Actualmente, tras varios altibajos, la empresa Bandai está impulsando la reedición del Tamagotchi original —reporta EFE—, enmarcada en el auge del llamado Heisei Retro, una tendencia que recupera la estética, los objetos y la cultura popular japonesa de finales de los 90 y principios de los dos mil.
De acuerdo con el diario The Japan Times, el Heisei Retro no es impulsado por quienes vivieron su juventud en esa época —los millenials—, sino de forma paradójica, por la "Generación Z", la cual ha regresado protagonismo también a los Pokémon, los teléfonos plegables, los juegos de Nintendo DS y la moda gyaru.
"Si alguien puede reivindicar la autoría del término Heisei Retro, ese es Mero Yamashita, coleccionista, curador y escritor. Desde niño, ha acumulado más de 50 mil objetos cotidianos de la época —que él define hasta 2019—, desde peluches hasta reproductores de CD", señala The Japan Times en un artículo publicado este martes.
Yamashita considera que "la nostalgia es una emoción profundamente positiva: brinda alegría y consuelo. Para las empresas, también supone un menor riesgo. Pueden reutilizar propiedad intelectual conocida en lugar de inventarla desde cero”, le comenta al diario.
"Pocas personas capturan con tanta intensidad esa añoranza de un pasado nunca vivido como Gong Ping, también conocida por su nombre artístico 'pp', una estudiante universitaria china de 23 años que dirige un estudio de maquillaje y fotografía en Shibuya", un barrio culturalmente vibrante y de moda en Tokio.
Gong dice que no le atrae la cultura Heisei por nostalgia. "Lo que me encanta es cómo la vida de entonces parecía llena de energía, casi hasta el exceso. Era desordenada, ostentosa, exagerada, nada 'organizada'. Transmitía esa sensación de: 'Hago las cosas a mi manera. ¿Tienes algún problema con eso?'".
Para Tajimax, escritora de 41 años que ha documentado la cultura de las chicas Heisei desde finales de la década de 2010, esta tendencia es "una renovada apreciación de la calidez y la imperfección predigitales de aquella época".
"La cultura Heisei se sitúa en la frontera entre lo analógico y lo digital —le dijo Tajimax a The Japan Times—. Eso la hace sentir como un pasado que se puede sostener en las manos".
El estratega cultural y experto en emo shohi (consumo emocional) Kento Imataki, le dijo al diario que “en esencia, el auge del Heisei Retro surge de la fatiga digital y un deseo subconsciente de comodidad”.
“En el entorno actual de redes sociales, siempre en línea, el estrés de mantenerse al día está desgastando a la 'Generación Z' —afirma Imataki—. Lo que anhelan es... un pasado en el que puedan sentirse seguros”.