De acuerdo con un estudio que siguió a parejas románticas durante un año, estas relaciones tienen, en general, unas 2.5 veces más probabilidades de terminar durante las dos semanas previas al Día de San Valentín que durante el otoño o la primavera.
Pero si se consideran la duración de la relación, el historial de relaciones previas de cada uno de los intregrantes de la pareja y su género, "las probabilidades de ruptura durante este periodo fueron más de cinco veces mayores".
Este dato, señalado por Emily Impett, profesora-investigadora de psicología en la Universidad de Toronto, no sólo sugiere que las parejas que llegaron juntas hasta este sábado y se disponen a celebrarlo van por buen camino, también propone que aprovechen —si no el 14 de febrero exactamente sí estos días— para reflexionar sobre la relación.
Te podría interesar
Hitos temporales
"Los psicólogos se refieren a momentos como el Día de San Valentín como hitos temporales: puntos que dividen el tiempo en un antes y un después psicológico", comenta Impett en un artículo publicado en el sitio The Conversation.
Estos hitos temporales "impulsan a las personas a hacer un balance de sus vidas y a tomar decisiones que han estado posponiendo", y las relaciones románticas no son la excepción.
Los rompimientos son una muestra de que "estas fechas tienden a acelerar decisiones que ya se estaban gestando, convirtiendo la incertidumbre personal en una sensación de que el cambio es necesario".
Lo amas o lo odias
Pocos hitos temporales tienen tanta carga emocional como el Día de San Valentín, que está "inusualmente ritualizado y comercializado —añade Emily Impett—. Los estudios de consumo muestran que la festividad tiende a evocar reacciones polarizadas: las personas son mucho más propensas a amar u odiar el Día de San Valentín que a sentirse neutrales al respecto".
Esto puede explicarse porque los comercios y las redes sociales físicas o virtuales amplifican las expectativas "sobre qué se considera amor: regalos, esfuerzo, demostraciones públicas y compromiso visible".
Así, participar en el ritual, de la manera que sea, "indica compromiso e inversión en un futuro compartido; renunciar a él puede generar preguntas o decepción".
Las rupturas previas al Día de San Valentín, entonces, se pueden explicar porque "terminar una relación después puede parecer engañoso, especialmente si se intercambiaron regalos o se hicieron planes. Muchas personas prefieren dejarlo antes que vivir un romance que ya no sienten, o aceptar gestos que impliquen un nivel de compromiso que no están seguros de poder mantener".
El Día de San Valentín no solo invita a la reflexión, sino que exige una actuación: Emily Impett.
Un dato que confirma esta idea es que, en una encuesta representativa, 22% de los adultos estadounidenses afirmaron haber terminado relaciones antes del Día de San Valentín porque no querían que su pareja les comprara regalos o gastara dinero cuando ya sabían que la relación iba a terminar.
Epílogo: la riesgosa ambivalencia
La sensación de estar dividido, "de querer evitar herir a la pareja y al mismo tiempo sentirse incapaz de seguir fingiendo", en psicología se llama ambivalencia, y este tipo de conflicto interno predice una menor satisfacción en las relaciones y una mayor inestabilidad con el tiempo.
"El Día de San Valentín intensifica la ambivalencia porque transforma la incertidumbre privada en una señal pública", señala Impett. Así que uno de los principales riesgos de este día está en no haber resuelto la ambivalencia antes de alcanzarlo.
"Claro que el Día de San Valentín rara vez termina una relación por sí solo", dice Impett; más que parecerse a una bola de demolición, el Día de San Valentín funciona como un foco de atención en que las parejas se ven obligadas a "afrontar preguntas que podrían haber estado posponiendo: ¿Somos felices? ¿Estamos avanzando? ¿Es esta relación algo que quiero celebrar?"