Hace al menos ocho mil años, el nivel del mar en la península de Yucatán se encontraba entre 20 y 30 metros más abajo del nivel actual y muchos de sus pobladores ocupaban cavernas que actualmente están sumergidas bajo el mar. Ahora, el INAH ha rescatado restos óseos de una de esas cavernas que podrían revelar información sobre cómo vivían aquellas personas.
Los restos son parte del esqueleto de un varón reportado en 2022 y recuperado a finales de 2025 en el sistema de ríos subterráneos Sac Actun, en Quintana Roo, uno de los más grandes del mundo.
Los huesos, que incluyen un cráneo femenino, fueron llevados a la Sección de Bioarqueología de la Dirección de Salvamento Arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), donde serán estudiados.
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El arqueólogo Luis Alberto Martos López informó que el esqueleto se ubicó al fondo de un cenote, a 200 metros de la entrada y a ocho de profundidad, en una pequeña cámara detrás de un espeleotema (que es crecimiento mineral posterior a la formación de la caverna).
También se encontró una cantidad importante de carbón. “Se ve que había fogones, lo cual indica que la cueva tenía actividad y que, probablemente, cuando esta persona murió, usaron la cámara como una cripta funeraria natural, lo que habla de ciertas creencias y ritos mortuorios”, dice Martos López en un comunicado del INAH.
El arqueólogo señala que, hace ocho y 10 mil años, la península de Yucatán era una gran pradera, con arbustos, gramíneas, pocos árboles y megafauna, por lo que las cuevas servían como refugio a los primeros pobladores.
Martos López comenta que el cráneo femenino se localizó cerca de otra de las entradas del cenote, a poca profundidad.
Análisis preliminar
Las piezas llegaron embaladas en cajas herméticas para proteger su conservación y prevenir cualquier contaminación. Fueron entregadas al antropólogo físico Arturo Talavera González, quien encabezará los análisis y estudios bioarqueológicos.
Observaciones preliminares, hechas a partir del ángulo de la apófisis mastoide, y el engrosamiento del hueso frontal encima de las órbitas oculares, el antropólogo determinó que se trata de un individuo masculino. Por los huesos largos, calcula una estatura de entre 1.45 y 1.50 metros aproximadamente.
Añade que era de complexión muy delgada y debió tener entre 20 y 25 años de edad al morir.
El especialista calcula que fue recuperado 40% del esqueleto, con partes del cráneo, algunas costillas y vértebras, las clavículas, el omóplato derecho, fragmentos del coxis y de huesos largos de extremidades inferiores y superiores. Los restos se encuentran en regular estado de conservación, por lo que ha iniciado un proceso para consolidarlos, antes de manipularlos para su estudio.
Talavera González añade que el cráneo femenino, recuperado durante la misma exploración, pertenecía a una mujer de entre 35 y 45 años de edad al morir, y que tenía mala alimentación; aunque cuenta con la mandíbula, esta no tiene dientes.
El proyecto, aprobado por el Consejo de Arqueología del INAH, en 2025, es dirigido por Octavio del Río Lara y el arqueólogo adscrito a la Subdirección de Arqueología Subacuática, Gustavo García García.
En el descubrimiento y su extracción, que se pueden ver en YouTube, participó un equipo multidisciplinario, conformado por el hidrogeólogo Emiliano Monroy, el biólogo molecular Víctor Moreno, el ingeniero Guillermo D’Christy, el explorador subacuático Peter Broger y el instructor Eugenio Acevez, con financiamiento de la productora canadiense Barbara Hager.