A nivel global, el cáncer de mama sigue siendo la principal causa de enfermedades oncológicas y muerte prematura para las mujeres de todo el mundo; sin embargo, más de una cuarta parte de los años de vida saludable perdidos por esta enfermedad se deben sobre todo a siete factores de riesgo modificables.
De acuerdo con un estudio en el que se incluyeron 204 países y territorios se estima que en 2023 hubo 2.3 millones de nuevos casos de cáncer de mama y 764 mil muertes, lo que se tradujo en la pérdida de alrededor de 24 millones de años de vida saludable (llamados AVAD por su sigla en inglés) debido a enfermedades y mortalidad prematura.
La buena noticia es que esta investigación, publicada en la revista The Lancet el lunes de esta semana detectó que los principales factores de riesgo, el tabaquismo y el consumo de alcohol, han disminuido en las últimas décadas.
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Desafortunadamente, esta disminución no impide que el número de nuevos casos de cáncer de mama a nivel mundial vaya en aumento y que se pueda prever que pasará de los 23 millones que hubo en 2023 a más de 3.5 millones en 2050.
Además, el estudio, que tiene un multitud de coautores de diversos países del mundo, también prevé que la cifra anual de muertes por cáncer de mama a nivel mundial aumente un 44%, de 764 mil hace dos años a casi 1.4 millones para 2050.
Los principales factores de riesgo
Si bien el estudio señala una diversidad de posibilidades para combatir al cáncer de mama relacionadas con los sistemas de salud de los países, también destaca de manera importante los factores de riesgo que pueden se modificados por las mismas mujeres en lo individual.
La investigación examinó siete factores de riesgo que contribuyen a la carga de cáncer de mama: consumo excesivo de carne roja, tabaquismo activo y pasivo, glucemia plasmática en ayunas alta (que puede indicar diabetes o prediabetes), índice de masa corporal (IMC) alto en adultas, consumo elevado de alcohol y baja actividad física.
En 2023, el 28.3% de la pérdida total de años de vida saludable se atribuyeron a los factores de riesgo, "lo que ofrece importantes oportunidades de prevención", destaca el equipo autoral.
La cifra refleja en realidad un promedio, pues "entre las mujeres premenopáusicas, el 23.6% de los AVAD por cáncer de mama en 2023 se atribuyeron a factores de riesgo, mientras que el 33.6% se atribuyeron a factores de riesgo entre las mujeres posmenopáusicas".
De los siete factores de riesgo estudios, "el principal fueron los riesgos alimentarios (específicamente, una dieta rica en carne roja), seguido del tabaco (tabaquismo y tabaquismo pasivo), hiperglicemia, IMC alto, consumo elevado de alcohol y, finalmente, baja actividad física", se señala en el estudio.
Epílogo de prevención
Un hallazgo importante, que muestra que la acción personal tiene efectos, es que la investigación encontró que "entre 1990 y 2023, los años de vida saludable perdidos por cáncer de mama atribuibles al consumo elevado de alcohol y tabaco disminuyeron un 46.8% y un 28.1%, respectivamente", se señala en el reporte de la investigación.
El equipo autoral afirma que el progreso para garantizar que todas las mujeres tengan las mismas posibilidades de sobrevivir al cáncer de mama sólo puede lograrse mediante una combinación de estrategias de prevención.
Las estrategias deben garantizar que haya sistemas de salud eficaces capaces de ofrecer un diagnóstico temprano y un tratamiento integral, y haciendo que los servicios oncológicos sean accesibles y asequibles ara todos los niveles socioeconómicos.
Cabe incluir que haya fuertes campañas de prevención y de mejora del estilo de vida, que es en última instancia lo que ha permitido que disminuyan el consumo elevado de alcohol y el tabaquismo.
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A pesar de los recientes avances en los tratamientos del cáncer de mama, se prevé que los nuevos casos de cáncer de mama en mujeres aumenten en un tercio a nivel mundial, de 2,3 millones en 2023 a más de 3,5 millones en 2050. De igual manera, se proyecta que las muertes anuales por esta enfermedad aumenten un 44 %, de aproximadamente 764.000 a 1,4 millones, con un impacto desproporcionado en países con recursos limitados, según un nuevo e importante análisis de los Colaboradores del Estudio de la Carga Global de Enfermedades en Cáncer de Mama, publicado en The Lancet Oncology.
Es importante destacar que los hallazgos sugieren que mantener un estilo de vida saludable, que incluye no fumar, realizar suficiente actividad física, reducir el consumo de carne roja y mantener un peso saludable, puede prevenir más de una cuarta parte de los años de vida saludable perdidos por enfermedad y muerte prematura por cáncer de mama en todo el mundo.
“El cáncer de mama continúa teniendo un profundo impacto en la vida de las mujeres y sus comunidades”, afirmó la autora principal, Kayleigh Bhangdia, del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington, EE. UU. “Si bien quienes viven en países de altos ingresos suelen beneficiarse de la detección, un diagnóstico más oportuno y estrategias de tratamiento integrales, la creciente carga del cáncer de mama se está desplazando a los países de ingresos bajos y medianos bajos, donde las personas a menudo se enfrentan a un diagnóstico en etapas más avanzadas, un acceso más limitado a atención médica de calidad y tasas de mortalidad más altas que amenazan con eclipsar el progreso en la salud de las mujeres”.
Utilizando datos de registros poblacionales de cáncer, sistemas de registro civil y entrevistas con familiares o cuidadores de mujeres fallecidas por cáncer de mama, el nuevo análisis proporciona un análisis global, regional y nacional actualizado de la carga del cáncer de mama en mujeres y las estimaciones de los factores de riesgo de 1990 a 2023 en 204 países y territorios, con pronósticos hasta 2050. Cabe destacar que el estudio también estima el número de años de vida saludable que las mujeres con cáncer de mama han perdido debido a la enfermedad, la discapacidad y la muerte prematura.
Las tasas de nuevos casos se mantienen más altas en los países de ingresos altos (PIA), pero presentan un crecimiento más rápido en los países de ingresos bajos (LIC).
El cáncer de mama sigue siendo el cáncer más común entre las mujeres a nivel mundial, con un estimado de 2,3 millones de nuevos casos de cáncer de mama diagnosticados en mujeres en todo el mundo en 2023 (el 73 % o 1,67 millones de casos se produjeron en países de ingresos altos y medianos altos) y 764 000 muertes resultantes (el 39 % o 300 000 muertes se produjeron en países de ingresos bajos y medianos bajos).
Al ajustar las tasas globales de casos y mortalidad para tener en cuenta las diferencias de edad (para permitir comparaciones entre países y a lo largo del tiempo), el estudio revela notables desigualdades en la carga del cáncer de mama. Por ejemplo, en 2023, las tasas de incidencia de cáncer de mama estandarizadas por edad fueron, en promedio, más altas en los países de ingresos altos (PIA), como Mónaco, Andorra, Francia, Alemania e Irlanda (100 casos nuevos por cada 100.000 mujeres o más), y más bajas en los países de ingresos bajos y medianos (PIBM), como Afganistán, Somalia y Mozambique (13 casos nuevos por cada 100.000 mujeres o menos).
Sin embargo, las tasas de nuevos casos estandarizadas por edad han aumentado considerablemente (un 147 % en promedio) desde 1990 en los países de ingresos bajos (LIC), pero se mantuvieron estables en los PIA, lo que pone de relieve el crecimiento desproporcionado que se observa en entornos con menores recursos (véase la tabla 1 del documento).
Además, entre 1990 y 2023, las tasas de mortalidad por cáncer de mama estandarizadas por edad en los países de ingresos altos (PIA) disminuyeron en promedio un 30%, a 16 muertes por cada 100.000 mujeres, pero casi se duplicaron en los países de bajos ingresos (LIC), a 24 muertes por cada 100.000 mujeres, lo que revela posibles disparidades en el diagnóstico oportuno y el acceso a un tratamiento de calidad.
A nivel mundial, el número de años de vida saludable perdidos debido a la mala salud y la muerte prematura aumentó más del doble, pasando de 11,7 millones de años en 1990 a 24 millones de años en 2023. Sin embargo, aunque las mujeres de los países de ingresos bajos y medios bajos representan el 27% (alrededor de 628.000) de los nuevos casos a nivel mundial, contribuyen a más del 45% de todas las enfermedades y muertes prematuras por cáncer de mama a nivel mundial
(casi 11 millones de años de vida sana perdidos).
“Los países de ingresos bajos y medios son los más afectados por la creciente carga de cáncer de mama, ya que muchos de estos países se enfrentan a cambios demográficos y en el estilo de vida, junto con sistemas de salud menos preparados de lo ideal para responder, con escasez de equipos de radioterapia, fármacos de quimioterapia y laboratorios de patología, y tratamientos estándar que pueden ser bastante costosos”, explicó la coautora Dra. Olayinka Ilesanmi, médica y epidemióloga nigeriana que trabaja para los CDC de África. “Aunque la supervivencia continúa mejorando en los países de ingresos altos, lo que refleja el éxito en la detección, el diagnóstico y el tratamiento del cáncer de mama, incluso dentro de estos países, los resultados aún pueden depender del lugar de residencia de la mujer”.
Aumento del cáncer de mama premenopáusico
A nivel mundial, en 2023 se diagnosticaron tres veces más casos nuevos de cáncer de mama en mujeres de 55 años o más (161 frente a 50 casos nuevos por cada 100.000 mujeres) que en mujeres de 20 a 54 años. Sin embargo, las tasas de nuevos casos han aumentado en mujeres de 20 a 54 años (un 29%) desde 1990, mientras que las tasas en mujeres mayores no han cambiado sustancialmente. Estas diferencias podrían reflejar cambios en los patrones de edad, así como en los factores de riesgo, que varían entre mujeres premenopáusicas y posmenopáusicas.
Impacto de los factores de riesgo no controlados
En 2023, el 28% de la carga mundial de cáncer de mama (6,8 millones de años de vida sana perdidos por discapacidad, enfermedad y muerte prematura) se relacionó con seis factores de riesgo potencialmente modificables. El consumo elevado de carne roja tuvo el mayor impacto (vinculado a casi el 11% de la vida sana perdida), seguido del consumo de tabaco (incluido el humo de segunda mano; 8%), la hiperglucemia (6%), el índice de masa corporal (IMC) elevado (4%) y el consumo elevado de alcohol y la baja actividad física (ambos 2%).
Se han logrado avances sustanciales en la reducción de la carga mundial de cáncer de mama relacionada con el consumo elevado de alcohol y tabaco entre 1990 y 2023, que disminuyó un 47 % y un 28 %, respectivamente. Sin embargo, la carga de cáncer de mama relacionada con otros factores de riesgo no mostró el mismo progreso a lo largo del tiempo.
“Con más de una cuarta parte de la carga mundial de cáncer de mama vinculada a seis cambios modificables en el estilo de vida, existen enormes oportunidades para modificar la trayectoria del riesgo de cáncer de mama para la próxima generación”, afirmó la Dra. Marie Ng, coautora principal y profesora asociada del IHME y profesora asociada de la Universidad Nacional de Singapur. “Abordar los factores de riesgo conocidos mediante políticas de salud pública y facilitar el acceso a opciones más saludables, a la vez que se trabaja con las personas para tomar medidas que reduzcan la obesidad y la hiperglucemia, es crucial para detener el aumento de los cánceres de mama en todo el mundo”.
Garantizar que todas las mujeres tengan las mismas posibilidades de sobrevivir al cáncer de mama
Incluso con las mejores políticas de prevención, millones de mujeres seguirán desarrollando cáncer de mama, lo que hace que cerrar la brecha en la atención médica sea una prioridad urgente. Los autores enfatizan que, con un acceso equitativo a la atención en entornos de bajos recursos, la inversión en terapias innovadoras y una firme voluntad política, existe la oportunidad de garantizar que todas las mujeres tengan las mismas posibilidades de superar el cáncer de mama.
Como explicó la Dra. Lisa Force, coautora principal del IHME: «Se necesitan esfuerzos conjuntos para garantizar sistemas de salud eficaces, capaces de diagnosticar precozmente y tratar integralmente el cáncer de mama en todos los países. Reducir el coste de las terapias contra el cáncer de mama y garantizar que la cobertura sanitaria universal incluya los servicios esenciales para la atención del cáncer de mama también sería valioso para proteger a las pacientes de costos catastróficos y mejorar los resultados».
Si bien el estudio utiliza los mejores datos disponibles, los autores señalan que las estimaciones se ven limitadas por la falta de datos de alta calidad de los registros de cáncer, especialmente en países con recursos limitados, lo que pone de relieve la necesidad de aumentar la inversión en sistemas de vigilancia del cáncer. También señalan que la información sobre el estadio y el subtipo del cáncer en el momento del diagnóstico no se incluye en el análisis, a pesar de sus distintos patrones de supervivencia y las implicaciones en términos de recursos debido a las limitaciones de los datos, y el análisis no analiza el impacto de la pandemia de COVID-19 ni de los conflictos recientes en la carga de morbilidad. En un comentario vinculado, el profesor Yeon Hee Park de la Facultad de Medicina de la Universidad Sungkyunkwan, Seúl, Corea del Sur (que no participó en el estudio) señaló que “sin datos de ascendencia étnica o genética, el estudio no puede distinguir si las diferencias regionales observadas reflejan predisposición genética, exposiciones ambientales, disparidades en la atención médica o combinaciones de las mismas… A pesar de estas limitaciones, este estudio proporciona una base necesaria para la planificación de la salud global… Con los refinamientos apropiados, en particular la estratificación de la ascendencia étnica y genética que reconoce las firmas moleculares distintivas de las poblaciones africanas, asiáticas y de otras ascendencias étnicas y genéticas, este estudio puede lograr su objetivo de informar estrategias de control del cáncer basadas en evidencia en todo el mundo”.