EFE.- "¡Estoy eufórico!" posteó este lunes en su cuenta de X el filósofo de la ciencia cognitiva y especialista en ética de la inteligencia artificial (IA) Henry Shevlin, ya que la compañía tecnológica Google lo contrató para DeepMind, su división de IA.
Lo cierto es que Google creó para Shevlin, quien es profesor en la Universidad de Cambridge, un puesto ad hoc de Filósofo especializado en IA, con el encargo de profundizar en "conciencia en las máquinas, relación humanos-IA y preparación de la IA generativa", explicó.
Shevlin señaló en su cuenta de X que entrará a Google a partir de mayo, pero añadió: "continuaré mi investigación y docencia en Cambridge a tiempo parcial" en Cambridge, donde es director asociado y director de educación del Centro Leverhulme para el futuro de la inteligencia.
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DeepMind es el "paraguas" donde se alojan todos los proyectos de Google relacionados con la IA, desde el más popular Gemini hasta Gemma, Lyria, Veo o Nano Banana, cada uno especializado en distintos desarrollos (textos, audio, imágenes, etcétera).
Un filósofo "politropista"
En la primera entrada de su blog Polytropolis, Shevlin explica que tomó esta palabra de la Odisea, donde "literalmente significa 'que toma muchos caminos', pero que se traduce de diversas maneras como 'muy errante', 'adaptable' o (en la reciente y controvertida traducción de Emily Wilson) simplemente 'complicado'".
Mientras que en su página de internet Shevlin señala: "Cuando no estoy dedicado a la filosofía ni pasando demasiado tiempo en Twitter sobre IA, suelo aprender nuevos idiomas, dirigir partidas de Dungeons & Dragons, correr, escalar, nadar o practicar alguna combinación de estas actividades".
"También me interesan mucho la ciencia ficción, los animales, la evolución, la probabilidad, la teoría de juegos, la lingüística, la psicología, la neurociencia, la política, la narrativa, el derecho, la geología, el espacio, el arte, la música, la etimología, la historia y los videojuegos", añade.
El "fichaje" de Shevlin se produce en medio de una carrera por captar talento entre las empresas tecnológicas y cuando no están todavía muy claros los límites éticos de la inteligencia artificial, a falta de una regulación nacional o internacional que estipule las fronteras de la IA y sus aplicaciones en la vida diaria.