EFE.- "No estoy interesada en usar la ciencia para entender el mundo sino para cambiarlo", dijo este miércoles la filósofa Nancy Cartwright en la conferencia de prensa organizada después de que se diera a conocer que había sido galardonada con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Humanidades.
Cartwright, quien es profesora-investigadora de las universidades de Durham en el Reino Unido y de California en San Diego en Estados Unidos, se ha dedicado a tender puentes entre la filosofía y la ciencia para fundamentar políticas públicas eficaces, destacó el jurado del premio.
Para Cartwright, el mundo es demasiado complejo, es un mosaico de muchas piezas que se pueden analizar desde distintas disciplinas (matemáticas, economía, sociología, antropología...) y que, en conjunto, permiten entender el mundo.
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"Soy una gran defensora de la interdisciplinariedad porque el conocimiento tiene que combinarse con otros conocimientos y encontrar la manera de, con todos ellos —economía, antropología, sociología...—, hacer lo que yo llamo ingeniería social para construir mejores sociedades", dijo Cartwright en una rueda de prensa digital ofrecida tras el fallo del jurado.
Y para eso "la clave es conseguir que los filósofos colaboren más con los científicos", aunque "es difícil porque hablamos lenguajes diferentes pero creo que es importante esforzase por lograrlo", subrayó.
Filosofía de la ciencia con enfoque innovador
Educada en una comunidad presbiteriana que desde niña fomentó su capacidad para el debate racional, Cartwright (New Castle, Pensilvania, Estados Unidos, 1944) se licenció en Matemáticas en la Universidad de Pittsburgh y se doctoró en Filosofía en la Universidad de Illinois, con la fuerte convicción de que esta disciplina puede ser una herramienta útil para cambiar el mundo.
Primero, se especializó en la filosofía de la física, donde desarrolló una profunda visión crítica frente a la supremacía de las leyes universales.
Al observar aplicaciones prácticas de las ciencias físicas, como el desarrollo de láseres, y participar en la misión espacial Gravity Probe de Stanford en los años 70, detectó que la teoría pura a menudo se quedaba corta y requería complementarse ineludiblemente con conocimientos prácticos y de ingeniería.
El resultado de sus ideas fue el libro "How the Laws of Physics Lie" (Cómo mienten las leyes de la física, 1983), donde argumentaba que las leyes fundamentales de la física son en realidad idealizaciones, verdaderas únicamente dentro de modelos simplificados y altamente controlados.
Después, en su obra "The Dappled World: A Study of the Boundaries of Science" (El mundo parchado: Un estudio de los límites de la ciencia, 1999), rechazó la idea de una Teoría del Todo unificada y lanzó la idea de que el universo es una realidad "troceada", un mosaico plural en el que cada disciplina tiene sus propias leyes.
Paso a las ciencias sociales
A partir de 1991, tras asumir la cátedra Popper en la London School of Economics, Cartwright se enfocó a las ciencias sociales. Ejemplo de ello es su libro "Hunting Causes and Using Them: Approaches in Philosophy and Economics" (A la caza de causas y su utilización: enfoques en filosofía y economía, 2007),
Desde la interdisciplinariedad, Cartwright es una firme defensora de lograr un entendimiento profundo de la práctica investigadora para mejorar "la toma de decisiones sobre políticas públicas basadas en la evidencia científica", tal y como destacó el fallo del jurado.