AP.- Cuatro décadas después de que ocurriera el peor desastre nuclear de la historia, la explosión en la central nuclear ucraniana de Chernóbil el 26 de abril de 1986, la zona sigue siendo considerada demasiado peligrosa para los seres humanos, pero la fauna ha regresado.
La explosión en Chernóbil —o "Chornobyl" como se dice en Ucrania— esparció radiación por toda Europa y obligó a evacuar pueblos enteros, desplazando a decenas de miles de personas.
Actualmente, en un paisaje radiactivo más grande que Luxemburgo que se extiende entre Ucrania y Bielorrusia, los caballos salvajes Przewalski pastan, los lobos merodean y los osos pardos han vuelto después de más de un siglo.
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También las poblaciones de lince, alce, ciervo rojo e incluso jaurías de perros que deambulan libremente se han recuperado en la zona de exclusión de Chernóbil.
Pese a la radiación persistente, los científicos no han registrado una mortandad generalizada, aunque sí se observan efectos más sutiles. Algunas ranas han desarrollado una piel más oscura, y las aves en zonas con mayor radiación tienen más probabilidades de sufrir cataratas.
El pequeño milagro de los Przewalski
Los caballos de Przewalski, originarios de Mongolia y que en su día estuvieron al borde de la extinción, fueron introducidos aquí en 1998 como experimento.
Conocidos como "takhi" en Mongolia ("espíritu"), estos caballos (Equus ferus przewalskii) tienen 33 pares de cromosomas, a diferencia de los 32 que tienen las distintas razas de caballos domesticados (Equus ferus caballus). El nombre moderno proviene del explorador ruso que los identificó formalmente por primera vez.
"El hecho de que Ucrania tenga ahora una población que vive en libertad es una especie de pequeño milagro", afirmó Denys Vyshnevskyi, principal científico de naturaleza de la zona.
Vyshnevskyi explicó que, sin la presión humana, partes de la zona de exclusión se ven ahora como los paisajes europeos de hace siglos. "La naturaleza se recupera relativamente rápido y de manera eficaz", añadió.
La transformación se ve por todas partes. Los árboles atraviesan edificios abandonados, las carreteras se desvanecen en el bosque y señales soviéticas desgastadas se alzan junto a cruces de madera inclinadas en cementerios cubiertos de maleza.
Cámaras ocultas muestran que los caballos se han adaptado de formas inesperadas. Buscan refugio en graneros en ruinas y en viviendas desiertas, que usan para escapar del mal tiempo y de los insectos; incluso se echan a descansar dentro.
Los animales viven en pequeños grupos sociales —por lo general, un semental con varias yeguas y sus crías— junto a bandas separadas de machos jóvenes. Muchos murieron tras su introducción hace casi 30 años, pero otros se adaptaron.
Sin embargo, estos caballos y el resto de la fauna de la zona enfrentan nuevas amenazas.
Paisaje de guerra
La invasión rusa de 2022 llevó los combates hasta la zona de exclusión cuando las tropas avanzaban hacia Kiev, excavando defensas en suelo contaminado. Incendios vinculados a la actividad militar arrasaron bosques.
Los duros inviernos en tiempos de guerra también han pasado factura. Los daños en la red eléctrica dejaron a las áreas gestionadas de los alrededores sin recursos, y los científicos reportan un incremento de los árboles caídos y animales muertos, víctimas tanto de condiciones extremas como de fortificaciones construidas a toda prisa.
Oleksandr Polischuk, quien dirige una unidad de bomberos en la zona, explicó a The Associated Press que "la mayoría de los incendios forestales son causados por drones derribados. A veces tenemos que recorrer decenas de kilómetros para llegar hasta ellos".
Además, añade, los incendios pueden devolver partículas radiactivas al aire.
La zona ya no es sólo un refugio accidental para la vida silvestre. Se ha convertido también en un corredor militar fuertemente vigilado, marcado por barreras de hormigón, alambres de púas y campos minados: un paisaje que tiene lo que algunos describen como una belleza sombría.
El personal se rota para limitar la exposición a la radiación. Es probable que Chernóbil siga vedado durante generaciones: demasiado peligroso para las personas, pero lleno de vida.
"Para quienes trabajamos en conservación y ecología, es una especie de maravilla", dijo Vyshnevskyi. "Esta tierra antes se utilizaba intensamente: agricultura, ciudades, infraestructura. Pero la naturaleza ha hecho, en la práctica, un restablecimiento de su fábrica".