Este miércoles 29 de abril falleció el que probablemente sea el biotecnólogo más destacado de la historia: J. Craig Venter, quien protagonizó no sólo una sino dos grandes revoluciones en este competido campo.
La más famosa de las revoluciones biotecnológicas de Venter fue cuando en el año 2000 se adelantó, con su compañía Celera Genomics, al Proyecto del Genoma Humano —que era coordinado por el gobierno de los Estados Unidos y en el que intervenían diversos laboratorios— utilizando una técnica desarrollada con su equipo llamada shotgun sequencing.
Sin embargo, fue aún más notable cuando el genetista —nacido en Salt Lake City, Utah, el 14 de octubre de 1946— y su equipo anunciaron en 2010 la creación de "Synthia", la primera célula controlada por un genoma totalmente sintético.
Te podría interesar
"Por primera vez, el ADN —la molécula que contiene las instrucciones para la vida— se había escrito en una computadora, ensamblado en un laboratorio y utilizado para controlar una célula viva", señala André O. Hudson decano de la Facultad de Ciencias del Instituto Tecnológico de Rochester.
"Este logro sugería algo trascendental: la vida no solo podía comprenderse, sino también diseñarse", añade Hudsion en un comentario publicado este jueves en el sitio The Conversation.
Con este desarrollo "Venter sacudió los cimientos de la ética y la biología", señala por su parte el investigador y divulgador de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) Miguel A. Méndez-Rojas, ganador de Premio Nacional de Química 2022 en el área de educación..
La especie sintética "Mycoplasma laboratorium (como fue llamada), promete desarrollar bacterias manipuladas para producir combustibles, fármacos o combatir el cambio climático", añade Méndez-Rojas en su cuenta de X que firma como @nanoprofe.
El software de la vida
De acuerdo con Méndez-Rojas, Venter y "el reconocido académico y futurista mexicano Juan Enríquez Cabot", quien fue el presidente fundador de Synthetic Genomics Inc —la compañía con la Venter pasó de leer a escribir el ADN—, articularon la visión de que el ADN es el "software" de la vida.
Esta es "una poderosa analogía", comenta Hudson: "si la biología pudiera tratarse como un software, el diseño de organismos podría algún día asemejarse a la escritura de código".
Esta idea "atrajo una importante inversión y atención política", añade, pues "las técnicas de biología sintética podrían utilizarse para desarrollar armas biológicas y podrían dañar involuntariamente los ecosistemas y la salud humana".
Sin embargo, el progreso ha sido más lento de lo esperado y "la biología sintética no ha alcanzado plenamente sus ambiciones iniciales. Una de las principales razones es la complejidad de los sistemas vivos", añade Hudson.
"También existen limitaciones más fundamentales. Los científicos aún no pueden construir un organismo vivo a partir únicamente de componentes inertes. Incluso la célula sintética de Venter dependía de un sistema biológico preexistente para funcionar".
El "chico malo" de la ciencia
Méndez-Rojas señala que la brillante carrera de Craig Venter —quien falleció en San Diego, California, a consecuencia de complicaciones con un tratamiento para el cáncer— estuvo también marcada por su "estilo confrontativo que lo convirtió en el 'chico malo' de la ciencia", pues generó polémicas que "tocaron fibras éticas, legales y políticas profundas".
Así, en la carrera por el Genoma Humano, "mientras el consorcio público (liderado por Francis Collins) buscaba que la información fuera gratuita y accesible, Venter, a través de su empresa Celera Genomics, pretendía patentar miles de fragmentos de genes".
Se le acusaron "de querer establecer un monopolio sobre la herencia humana, lo que habría frenado la investigación médica global al obligar a otros laboratorios a pagar regalías por estudiar genes específicos".
"Cuando en 2010 presentó a Synthia... la reacción no fue sólo de asombro —cuenta Méndez-Rojas. El Vaticano y diversos grupos bioéticos cuestionaron la moralidad de crear vida 'desde cero'".
Además de que "se le acusó de ignorar los riesgos de bioseguridad, como la posible creación accidental de patógenos ultra-resistentes", "Venter intentó patentar el 'organismo mínimo', lo que generó temor sobre quién sería el dueño de las herramientas básicas de la biología sintética en el futuro".
Para Hudscon, "el legado de Venter incluye las preguntas que él mismo hizo inevitables: hasta dónde deben llegar los científicos en el diseño de la vida, quién decide y qué responsabilidades conlleva ese poder". Aún no hay respuestas pero parece que "la ciencia está aprendiendo, con cautela e imperfección, a ser la creadora de la vida".