Para algunos pacientes con diabetes tipo 1, el desarrollo que ha habido en los últimos años en los dispositivos para el control de su enfermedad es equivalente al avance tecnológico que hay entre el primer vuelo de los hermanos Wright y un jet supersónico. Pero aún les falta el equivalente a los viajes a la Luna: el páncreas bioartificial, que puede no estar muy lejos.
Esta comparación, hecha en la revista Scientific American, se refiere a que todavía en la primera década de este siglo la gran mayoría de los pacientes con diabetes tenían que hacer "a pie" el control de su enfermedad; es decir, tenían que estimar la cantidad de azúcar que iban comiendo para saber cuánta insulina inyectarse.
Incluso para los papás de David Damiano —que tenía diabetes tipo 1 por un problema autoinmune—, que era una pediatra y un bioingeniero, esta tarea resultaba complicada y estresante, pues los errores podían terminar con su hijo en el hospital. Y eso no es todo.
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“Controlar la diabetes tipo 1 es como conducir un coche las 24 horas del día, los 7 días de la semana, por una carretera de montaña llena de curvas, sin parar ni siquiera mientras duermes" dijo el empresario en biotecnología Bryan Mazlish a la revista, pues los niveles de glucosa pueden cambiar en cualquier momento del día o de la noche.
El páncreas artificial
Ante ese panorama, los primeros medidores de glucosa en tiempo real, que se empezaron a vender en 2004, significaron un inmenso alivio para los pacientes, además porque los aparatos no requerían de estarse picando los dedos para sacar una gota de sangre.
Pasaron 13 años para el surgimiento del siguiente gran alivio: el páncreas artificial, que incorpora un medidor de glucosa con un dispensador injertado de insulina, lo que elimina las inyecciones.
Estos instrumentos se han beneficiado además de la inteligencia artificial y los algoritmos de aprendizaje, para calcular mejor las dosis.
Actualmente, es posible tener un páncreas artificial al que sólo hay que administrarle el dato del peso corporal de la persona que lo usa. Sin embargo, el páncreas natural es un sistema biológico muy sofisticado y tienen en cuenta más indicadores que la cantidad de azúcar en sangre.
Páncreas bioartificial siguiente acceso
Para los biotecnólogos el siguiente paso es el páncreas bioartificial; es decir, un páncreas hecho en el laboratorio que, en lugar de un medidor de glucosa y un dispensador de insulina, tenga células beta vivas, generadas por desarrollo de células madre.
Este páncreas bioartificial tendría la ventaja, por un lado, de que las células beta pueden detectar hormonas que el cuerpo genera en respuesta a la cantidad de azúcar que hay en la sangre y a otros factores, como niveles de actividad, y por otro genera la insulina.
Según una publicación de septiembre de 2025 en la revista Scientific Reports, un páncreas bioartificial con células beta humanas ya funcionó durante un año, sin necesidad de cálculos, recargas o ajustes, en modelos de ratón.
El problema es que las pruebas con primates no humanos que han hecho los investigadores del Instituto Tecnológico Massachusetts (MIT por su sigla en inglés) no han sido exitosas porque sus sistemas inmunes rechazan el implante.
Otro grupo, de la Universidad de Ginebra, informa que, tras cinco años de trabajo financiado por la Unión Europea con siete millones de euros (unos 141 millones de pesos mexicanos) "ha desarrollado un páncreas bioartificial que restablece los niveles normales de glucosa en sangre en modelos preclínicos", por lo se disponen a hacer pruebas con humanos.
Este esfuerzo, liderado por Ekaterine Berishvili y que junta a universidades de Francia, Alemania y Países Bajos, explora el llamado xenotrasplante (trasplante de células, tejidos u órganos de una especie a otra) para superar la escasez de donantes humanos, por lo que el sistema inmune puede ser también el paso limitante.
Epílogo de un problema de acceso
Hasta ahora, "la mayoría de los avances tecnológicos en diabetes tipo 1 han beneficiado a los más adinerados, por así decirlo", le dijo a Scientific American el endocrinólogo Steven Russel del Hospital General de Massachusetts.
Esto significa que quienes ya controlaban bien la glucosa en sangre actualmente pueden mejorar su situación con los páncreas artificiales que están en el mercado, pero quienes tenían dificultades antes, por falta de tiempo, preparación o recursos, en general siguen teniendo problemas.
"Quiero un sistema que sea democrático", afirma Edward Damiano con el recuerdo de los problemas que sufrió su familia con el pequeño David, y subraya que todos deberían tener acceso a estas tecnologías. Pero no parece fácil.