La detención del alcalde morenista de Tequila, Jalisco, Diego Rivera Navarro, fue recibida con celebraciones por parte de la población, que durante más de un año vivió bajo un clima de miedo, extorsiones y abusos de poder. Para muchos habitantes, su arresto marcó el fin de una etapa que transformó al Pueblo Mágico en un territorio asfixiado por la violencia.
Comerciantes, artesanos y empresarios locales aseguran que el gobierno municipal exigía “derecho de piso” tanto a vendedores ambulantes como a grandes empresas tequileras, lo que provocó una severa crisis económica y el cierre de negocios.
“Nos sentíamos como atados”, dijo una comerciante que habló en el anonimato por el temor de que la delincuencia organizada siga gobernando en el municipio.
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Tras su captura, fuerzas estatales y federales tomaron el control de la seguridad en el municipio, una medida que fue bien recibida por la ciudadanía. Los habitantes confían en que esta intervención permita recuperar la tranquilidad, la actividad comercial y la confianza perdida en las autoridades locales.
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